PPK y el pavo de Navidad

Pedro Pablo Kuczynski haciendo ejercicio

Según una receta tradicional, antes de matar al pavo se le hace tomar una copa de pisco porque esto le da sabor a la carne.

En la casa de mis abuelos, durante una vieja Navidad, mi primo Jorge, un gran aficionado al licor, fue encargado de esa tarea. Sin embargo, al mismo tiempo que le ofrecía una copa a su futura víctima, se servía otra para acompañarlo.

Cuando estaban terminando la botella, hombre y ave se habían hecho tan amigos que Jorge le perdonó la vida a su compañero.

Esta no es una receta de cocina. Más bien, intenta ser una analogía de lo que ha ocurrido en el Congreso del Perú durante el proceso de vacancia del Presidente de la República.

Es necesario que PPK sepa o que le hagan saber que la suya no fue una victoria para celebrarla bailando en las calles. Más bien, debería recordar que el resultado fue de 79 votos a favor de la vacancia, 19 en contra y 21 abstenciones.

Eso significa que el señor Kuczynski no es un gladiador triunfante sino un pavo afortunado que podría ser sacrificado en la próxima Navidad…o antes.

Es posible que el Presidente suponga que su gran habilidad de palabra y dotes de convicción conquistaron la inteligencia de los 10 fujimoristas abstinentes.

Ese sería un serio error motivado por la creencia de que el fujimorismo es un partido político, y, en realidad, no lo es. Es algo así como una banda en la que cada asociado defiende sus propios intereses. Sin una ideología que los vincule, los componentes del grupo naranja protegen la inversión que hicieron para llegar al Congreso así como sus futuras ganancias por los próximos años de su mandato…

Y la posibilidad de perder sus curules tras una eventual disolución del Congreso no los dejaba dormir. Para evitar esa pesadilla, y no para defender la democracia, se abstuvieron de votar.

El presidente debería recordar además que la historia no termina en la frustrada vacancia. Todavía está pendiente el affaire Lava Jato así como las investigaciones legislativas y judiciales sobre sus consultorías, Westfield Capital y los todavía no justificados pagos que su empresa unipersonal recibió de Odebrecht. Y en todo ese proceso debería ser, aunque le cueste trabajo, muy sincero.

PPK debería saber asimismo que, aparte de los albertistas abstinentes, los otros parlamentarios que evitaron su vacancia, lo hicieron para evitar un virtual golpe de Estado por obra del fujimorismo y el garciísmo que intentan blindar de esa forma a sus líderes.

En condiciones como ésta, sería triste y negativo del jefe de Estado asumiera las actitudes pusilánimes que todo el tiempo lo han caracterizado frente a sus enemigos.

Lo hemos visto arrodillado en una capilla al lado de la lideresa y bajo la mirada alcahuetera del cardenal Cipriani. Lo hemos escuchado enviándole “saludos para su papacito”. Somos testigos de sus múltiples ofrecimientos por el indulto del reo del Fundo Barbadillo.

Algo más, todavía existen los vídeos en los cuales -para congraciarse con fujimoristas y golpistas- justifica el golpe legislativo de Brasil y la vacancia de la señora Dilma Rousseff. ¿Habrá estado recordando sus palabras anoche?

En las presentes circunstancias, la sociedad civil y el Presidente -si de veras es inocente- deberían movilizarse desde abajo y desde adentro contra la corrupción y por el retorno de la Constitución de 1979.

¿Qué queda de la democracia y de la república de hombres libres que estábamos construyendo hasta antes de la era Fujimori? Nada.

La tiranía del hombre preso en Barbadillo enfermó de cinismo, cobardía y oligofrenia al Perú, y si no acabamos con el acta supuestamente constitucional que nos dejó continuaremos haciendo lo que hemos hecho desde el año 2000, un fujimorismo sin Fujimori.

La otra posibilidad es que PPK firme con mano temblorosa el indulto, y de inmediato ensamble un gabinete de ancha base apro-fujimorista. Será el mayor de sus errores. A cada concesión que haga, habrá una nueva demanda. Y terminará, en la próxima Navidad, como el pavo que recibe su última copa en estas épocas.