PPK no la ve y la administración pública es un desastre

La reciente furia de la naturaleza con lluvias y huaicos en 20 regiones del país, han traído muerte y destrucción, especialmente en los que menos tienen. Son 75 muertos, 11 desaparecidos, 170 heridos y 99.475 damnificados. Esta desgracia nacional, ha permitido constatar la tremenda miopía política del presidente Pedro Pablo Kuczynski y la incapacidad del Estado para atender esta emergencia.

La respuesta del Ejecutivo en este desastre natural, como ha venido sucediendo desde el inicio del gobierno, ha sido tardía. PPK no la ve y el grupo de tecnócratas que lo acompañan tampoco. Esta desgracia nos ha devuelto a nuestra realidad, seguimos siendo un país tercermundista, un Perú informal. Ni siquiera nos asemejamos a un país en vías de desarrollo como acostumbran a hablar algunos empresarios y tecnócratas en cócteles y eventos en centros empresariales.

Nuestro país tiene enorme dificultades de gestión pública que se reflejan en la deficiente calidad de los servicios y en la falencia de infraestructura. La falta de una respuesta rápida y eficiente ante este desastre natural es producto de una mala gestión pública. No es producto de la fatalidad del destino, ni de la falta de dinero. Si hubiéramos contado con infraestructura de calidad y planes de emergencia, el impacto sería muchísimo menor.

Este nuevo desastre natural, nos trae otra vez a la memoria que somos un país vulnerable ante las calamidades. Nuestra informalidad es criminal. Dios quiera que no tengamos un terremoto de magnitud grado ocho, como los que azotaron hace poco Chile. Ahí comprobamos, como un Estado ordenado y moderno como el chileno, pudo reducir al mínimo los efectos devastadores y recuperarse a la velocidad de un rayo, como si nada hubiera pasado e inclusive negándose recibir ayuda internacional.

Si sabemos que todos los años se repiten los mismos fenómenos, es inaceptable e irresponsable que el Estado no esté preparado para responder eficientemente. Siempre estamos en lo mismo. La culpa recae en la falta de capacidad de nuestros funcionarios públicos para poder diseñar, implementar y también administrar planes de inversión en infraestructura.

Estamos así, porque en el Estado la coima es un deporte nacional. Por ejemplo: el puente Talavera (Solidaridad) colapsó en el actual desastre, al poco tiempo de haber sido inaugurado, debido a que fue mal diseñado y mal construido. Es mentira lo que sostiene en su defensa el alcalde Luis Castañeda de que “la ingeniería es superada por la naturaleza”. Lo que pasa es que en esta obra, como muchas en el país, el arreglo bajo la mesa siempre está presente, y el gran perjudicado es el pueblo.

Sostenemos que PPK no la ve, porque ante esta nueva catástrofe nacional, el presidente reafirma su estilo indolente, desatinado y lo peor, distante del pueblo. No entendemos ¿porque se demora tanto en declarar el Estado en emergencia en nuestra capital? ¿Porque se mantiene a nuestras Fuerzas Armadas con orden de inamovilidad? El Ejército debe estar como personal activo ayudando a solucionar la tragedia que vivimos. Es más, deberían estar patrullando las calles para controlar el orden y disuadir a la población por los posibles saqueos que podrían darse, producto de la zozobra e incertidumbre que la población vive por el desabastecimiento de agua y la escasez de productos de primera necesidad.