PPK, entre la convivencia y la dignidad

PPK no tiene más caminos, o tranza con el fujimorismo o se distancia de él. Cualquier otro camino intermedio lo llevará justamente a donde quiere llevarlo Keiko: el inmovilismo.

La cuestión de confianza es un mecanismo constitucional absolutamente válido para garantizar el equilibrio de poderes y no implica necesariamente un cierre del Congreso. Para ello es necesario una condición más: que el Legislativo censure a dos gabinetes ministeriales.

El fujimorismo no se hará el harakiri, pero para el Ejecutivo significa cerrar la posibilidad de que se produzca un escenario parecido al presente. Ponerle un candado a los caprichos fujimoristas. Por eso mismo no hay que dejar de lado lo que afirma uno de sus voceros: Juan José Díaz Dios, que podrían modificar la Constitución y desaparecer este mecanismo.

No se trata de defender a PPK ni a su ministro de Educación, se trata de poner a prueba este gobierno, como quien dice: de qué lado está. Si dialoga (y pacta) con el fujimorismo, entonces cambiará la correlación de fuerzas en el país.

Un sector de la derecha le está exigiendo a PPK que converse y pacte con el fujimorismo. La sociedad civil debe demandarle que si se alía con el fujimorismo, terminará por convertir a su gobierno en un instrumento de las mafias y la corrupción y se acrecentará la distancia con los sectores sanos del país.

La izquierda puede desempeñar aquí un papel gravitante, primero, no debe jugársela por PPK ni por su ministro, sino debe hacerle saber al gobierno que hay una sociedad vigilante que le exige zanjar con el fujimorismo y la corrupción.

Aquí podría matar dos pájaros de un solo tiro: arrinconar a PPK y, una vez evidenciada su alianza con el fujimorismo, tener el camino allanado para convertirse en la fuerza de oposición que hasta ahora le está costando consolidar. Arrinconar a la derecha, he ahí la clave.

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