PPK: el gobierno malagua

Es inadmisible que a estas alturas de la gestión, el gobierno del presidente Pedro Pablo Kuczynski carezca de identidad propia para gobernar y actúe casi como una “malagua”, con movimientos torpes al compás de las grandes olas de la tormenta política levantada desde los tentáculos mismos de Fuerza Popular. Su posición ante el fujimorismo es ambigua. No es ni fuerte como la chicha ni suave como la limonada.

El Ejecutivo, a estas alturas del partido, debería decidir por llevar la fiesta en paz, salir del centrismo o del izquierdismo que lo ayudó a ganar la elección, y tender puentes para poder tener gobernabilidad.

Otro derrotero a seguir podría ser elegir el camino de la confrontación para abrirse un espacio de gobernabilidad retomando su identidad de centro, que fue la fórmula con la que ganó la elección. Para esto, el gobierno oficialista tendrá que ser capaz de emplear las herramientas políticas y constitucionales a la mano, no descartándose el cierre del Congreso para avanzar y sacar adelante la gestión y poder realizar algunas reformas que son el clamor generalizado de la población.

Ya basta de ambigüedades con el fujimorismo y seguir actuando como malagua ante el país. La gestión Kuczynski solo tiene dos caminos a seguir: reafirmar su posición centrista defendiéndola a muerte, o despercudirse de sus aliados caviares y chakanos, o tender puentes con la oposición que le abra un cauce de gobernabilidad. Lo peligroso e inocuo es seguir jugando a ambas posiciones a la vez con mensajes para la tribuna que no le dan ningún rédito político. O paran en seco al fujimorismo imponiendo respeto o deciden allanarse ante los “naranjas”, haciendo de tripas corazón.

El escenario actual del gobierno es bastante riesgoso, tanto que podría terminar en una “vacancia presidencial”. La embestida fujimorista en el Congreso linda con la prepotencia. No se augura nada bueno para los PPkausas. Para muestra un botón: la rapidísima citación al pleno del Parlamento de Thorne, para que asista de inmediato a explicar el escandaloso audio de su reunión con el contralor Alarcón, refleja claramente cómo se seguirán agravándose las relaciones entre el fujimorismo y PPK.

Al no acudir Thorne a la cita, inmediatamente, deja sentada una guerra declarada entre el Ejecutivo y el Legislativo, que podía traer consecuencias políticas trágicas para el país.

Ante la pasividad del gobierno se avizora que las relaciones entre ambos poderes del Estado se irán deteriorando cada vez más, por la inercia y falta de liderazgo de PPK al no asumir una posición firme contra el fujimorismo o, de lo contrario, tendría que ser más audaz y buscar la convivencia con este sector.

Por el lado del fujimorismo, estos continúan con su juego, demuestran la fuerza de su mayoría parlamentaria y hacen sentir su peso político ante el país, conscientes que aún falta mucho trecho por recorrer hacia el 2021. Kuczynski, mientras tanto, se debate en la encrucijada y la desventaja de estar en funciones y no tiene tiempo para pensar, sino de actuar, como por ejemplo renunciar al ministro Thorne. No entendemos por qué PPK se empecina en sostenerlo. Cometió un error o fue portavoz del espíritu lobista que impregna a este gobierno, no lo sabemos, pero que tiene que irse no hay duda. Su salida aliviaría tensiones dejando el camino libre para que el gobierno se concentre en acciones trascendentes para el país.

Esto permitiría también salir del inútil e irrelevante entrampamiento del caso Chinchero en que se han metido. Le toca por consiguiente al presidente Pedro Pablo Kuczynski, asumir el liderazgo, poniendo paños fríos, tender puentes con otros sectores fuera del Ejecutivo, y lo más primordial: hacer política y gobernar. Para eso lo eligió la mayoría más uno del país. Ojalá encuentre el rumbo.