Poner fecha y temas a la reconciliación

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Hace algunos años, cuando PPK tentaba por primera vez a la presidencia de la República, escribí y dije por algún medio audiovisual, que el señor Kuczynski, tenía más probabilidades de ser reina de Inglaterra que presidente en el Perú.

Alguno de sus allegados me contó que mi incursión humorística en sus apetitos políticos no le había caído muy bien. Lo cual no puedo decir si es cierto o no. Lo que sí es cierto es que cuando fue electo finalmente presidente, yo relaté por radio y TV mi vaticinio anterior y admití, nobleza obliga, mi equivocación. Mi gran equivocación.

No obstante no pude frenar mi lengua, ni bloquear mi cerebro y me jugué diciendo que casualmente acababa de llamarme Elizabeth II, reina de Inglaterra, para decirme que estaba feliz de saber que finalmente Pedro Pablo había sido elegido presidente de su país y que por lo tanto ella sentía que su corona estaba más segura que nunca en su testa real.

Hubo varias reacciones simpáticas hacia esta humorada y ahí quedó la cosa. Elizabeth II en Londres camino a festejar su propio centenario y Pedro Pablo I° (quizás “El Breve”, como Pepino) en la tres veces coronada ciudad de Lima, dispuesto a festejar el bicentenario.

Después pasó lo que todos sabemos y que sigue ocupando a cuanto analista político, psiquiátrico, antropológico, sociológico, psicológico y algunos etcéteras más, anda pululando por estas tierras del Perú y sus vecindades. Se ha dicho de todo, bien y mal, a favor y en contra, con buenas y malas palabras, usando la razón y usando el hígado, pensando en la Patria y pensando en el bolsillo, apuntando al futuro o apuntando al abismo donde el futuro no existe.

Mi impresión –que no es más que una entre miles- es que nadie escucha. Todos se escuchan pero nadie escucha al prójimo, a menos que repita lo mismo que él dice. Esa conducta que nos lleva a la creación y potenciación de grupos autistas (puede ser un oximorón) no es lo más saludable, pero así ocurre cuando la carga emocional perturba la razón y asume las responsabilidades de ésta. Pareciera que nadie quiere penetrar en este viejo y tenebroso laberinto. Se ha hablado de compromisos internacionales, de desprolijidades varias en las medidas adoptadas, de pactos insalubres para la democracia, de grupos concernidos con los hechos que se le imputan al liberado y que han sido ignorados en el momento de tomar la medida, etc.

En suma se habla de un país que se desconoce a sí mismo. Un país en el que la palabra reconciliación suena a arameo o sánscrito pues nadie podría explicar, a ciencia cierta, quienes son los sujetos de esa reconciliación y lo que es peor, cuáles son los temas sobre los que debemos reconciliarnos. ¿A partir de qué día y de qué año o de qué siglo, deberán plantearse los hechos que nos hirieron, las injusticias que nos postergaron y los sueños que nos robaron?

Regreso al principio de esta nota: PPK, estoy seguro, estaba más preparado para tomar té en el Palacio de Buckingham, que para resolver los problemas que se presentan cada día, cada hora y cada minuto en la casa de Pizarro.