Perú al pie del orbe

Veinte óleos sobre el Perú del pintor Bruno Portuguez reafirman y subrayan su larga trayectoria de compromiso con el Perú y con él mismo, en la entrega de su creación artística.

Tres retratos de personajes, su tiempo y hora, nos hablan de un Perú que nace ante el mundo, en una permanente urgencia de encontrar su destino: Garcilaso Inca de la Vega, el primer mestizo peruano, el primer cronista que nos habla de la humanidad viva, sensible del Perú, en el primer documento histórico que va señalando el camino: Los Comentarios Reales del Inca.

El cuadro que da nombre a la muestra, “Perú al pie del Orbe”, poema del gran César Abraham Vallejo Mendoza, de Santiago de Chuco – Perú, nos presenta a un hombre pleno, resuelto, decidido, seguro, rebelde, quien señala los límites de la paciencia con la mirada limpia de hoy y de mañana. “Micaela”, con su presencia en este paisaje de colores, nos trae a nuestra memoria que sigue tejiendo incansable el mapa humano de nuestra Patria, el preciso instante del gran momento histórico, atisbando por no sé qué distancias la llegada de la esperada realidad comunitaria.

Garcilaso.

Garcilaso.

Los cuadros que completan la muestra, pueden ser retratos, paisajes, apuntes, todos tienen la estructura de la misma presencia, de la fuerza del tiempo, de la búsqueda del encuentro, del trabajo lúcido, persistente, terco, vigilante, del sueño que también no descansa o el detalle escondido en el rincón del taller de la memoria, de la experiencia, que luego será luz en la alborada. O en ese otro cuadro La Espera, donde tres mujeres esperan la llegada de sus esposos. Las miradas de cada una de ellas, de ese instante presente, nos comprometen con nuestro credo cotidiano,“hasta cuándo” esperanzado.

Ahora no importa la cronología de los hechos, porque a la vera de los caminos, todos los días, en los atajos, en playas, remansos, carreteras, pueblos, aldeas, urbes,ómnibus, micros, fábricas, está el Perú, de pie, esperando con los brazos extendidos el infinito mural de realidades, de voces, gritos, palabras, hechos, llamando al hombre para esta cita con la que nos encontramos en cada cuadro de Bruno Portuguez.

Comiendo papas.

Comiendo papas.

Como bien escribe en la presentación Manuel Pantigoso: “Bruno Portuguez es un artista ya consagrado que, sin embargo, sigue en plena ascensión. Aquí radica su éxito y la expectativa que crea sobre su obra. Ella expresa su hondo recorrido por el Perú. Más allá de lo cotidiano y anecdótico y más allá inclusive de su predisposición para pintar retratos, que tantos éxitos le ha brindado, lo que al artista le interesa no es solo lo que está frente a sus ojos sino, básicamente, lo que conmueve a su espíritu trascendente dentro de ese diálogo totalizador, intenso, del sujeto con el objeto”.

Un buen ejemplo sería el cuadro “Ómnibus” en donde la anécdota social se refiere a una numerosa familia, pobre, que duerme profundamente por causa del cansancio físico. Al final del espacio del vehículo, el viaje solitario se procesa sin conciencia del peligro latente que puede surgir en cualquier momento: ¿dónde los llevará el ómnibus?

Máxima Acuña.

Máxima Acuña.

En la pintura de Bruno Portuguez, el paisaje, el color, los personajes se integran, se compenetran, se abrazan, porque pertenecen a un mismo aliento: el compromiso del artista con su obra y con la diaria presencia del Perú en ese desayuno universal que habla César Vallejo.

O como escribiera en 1993 ese otro gran pintor, Francisco Izquierdo López: Portuguez es un pintor que sabe arrancar a la vida su sentido dramático. Nos entrega con su dibujo y su color, un sueño que tarda en llegar. En sus cuadros encontramos la revelación de sus sentimientos ante las diversas manifestaciones de la condición humana. Su arte es profundidad hacia la conquista de la verdad.

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