Para acabar con la sangre en carreteras…

Accidente de tránsito en Pasamayo

Como presagiando un año doloroso, el 2018 arranca con un terrible accidente de tránsito. Un tráiler chocó con un bus en el Serpentín de Pasamayo y el impacto causó que el bus caiga por un precipicio de más de 150 metros.

El penoso resultado: 52 muertes y heridos policontusos que están en trauma-shock. En enero del 2005 un camión que llevaba pasajeros chocó con otro vehículo causando 5 muertos y 6 heridos en el Serpentín de Pasamayo. El 6 de enero del 2009, un bus interprovincial colisiona con un tráiler y un camión que llevaba solventes químicos causando 15 muertos carbonizados y 29 heridos en el Serpentín de Pasamayo. Hace poco, en julio del 2017, cuatro miembros de una familia que viajaban en miniván fallecieron luego de que su vehículo fuera embestido por un tráiler que invadió el carril contrario en el Serpentín de Pasamayo.

Pero por más impactantes que sean los accidentes en la “Curva del diablo”, la problemática tiene un alcance territorial muy extenso. En el Perú, los accidentes en las carreteras son el 3% del total. El resto de los accidentes ocurren en las ciudades (97%).

De los accidentes que se registran en las carreteras, la mayoría se desarrolla en la Red Vial Nacional. En los accesos a Lima y en la Panamericana se registra una porción importante de los accidentes en Lima Metropolitana.

Según datos del MINSA, la tasa de accidentes nacional es muy alta (15.9 por cada 100,000 habitantes) y supera a países como Chile (12.3), Colombia (15.6) y Argentina (12.6).

Según los datos del Instituto de Medicina Legal, los accidentes son la principal causa de muerte a nivel nacional por encima de los homicidios y de los suicidios. En el mundo, los costos anuales que generan los accidentes se estiman entre 1 y 3% del PBI, mientras que en el Perú SIBRT estimó que los costos equivalían a 1.5% del PBI. El 2016 se registraron 89,304 accidentes a nivel nacional y es como si se hubieran caído 300 aviones.

Frenar los accidentes implica tomar en serio este tema. Por un lado, se deben hacer las reformas del transporte urbano para evitar que el 36% de los muertos y el 70% de los heridos mueran en accidentes con participación de un vehículo de transporte público y, por el otro lado, se tienen que mejorar los sistemas inteligentes urbanos para gestionar el tránsito.

Cada ciudad debe tener planes de gestión de tránsito y requerimos avanzar en estos temas y dejar de organizar el tránsito como si estuviéramos en la primera guerra mundial. En las carreteras, se tiene que reforzar los controles sobre los vehículos de carga que son los más antiguos y controlar al taxi colectivo informal que genera la mayor parte de los accidentes. Necesitamos a gritos más apoyo al Consejo Nacional de Seguridad Vial, que se generalizan las inspecciones de seguridad vial, que se mejore la señalización de tránsito y que se hagan las intervenciones en puntos críticos.

La situación de los agentes prestadores de la carga es muy importante, pues no es aceptable que no exista ningún modelo de regulación para la carga. El neoliberalismo extremo que hemos tenido genera que el parque de camiones haya crecido tres veces y que tenga la edad más alta y la mayor fragmentación de todos los segmentos del transporte. Hoy, las empresas de transporte de carga son más de 95,000. Más de 60,000 empresas tienen un solo camión y más de 75,000 empresas tienen uno o dos camiones. 146,000 camiones con una edad media de entre 15 y 25 años son un factor de riesgo muy alto que no se va a resolver con ampliaciones de carriles en la Variante de Pasamayo.

Si queremos enfrentar en serio los problemas de los accidentes definamos políticas públicas en serio. Las salidas pasan por hacer lo elemental: reformar y formalizar el transporte urbano, mejorar la gestión del tránsito en las principales ciudades, eliminar el taxi colectivo informal urbano e interurbano y tener un enfoque de regulación para la carga que reduzca la fragmentación, modernice la flota y nos permita modernizar la logística de carga. Todo esto es urgente. Por favor tratemos todos de poner estos asuntos en la agenda. No es imposible reducir los accidentes y no tenemos que esperar al siguiente año nuevo para volver a lamentar otro accidente fatal de grandes proporciones.