Papa Francisco, algunas ideas…ya que viene por acá

Papa Francisco arreglando un jardín

Usted es un ecologista declarado, que ha hablado de la necesidad de cuidar nuestra casa común, que ha escrito la Encíclica Laudato Si, un manifiesto ambientalista para el siglo XXI. Pues resulta que Madre de Dios es uno de los territorios más ricos en biodiversidad del Perú y del mundo y es espacio de vida de pueblos indígenas. Pero está siendo devastado por la minería ilegal del oro. Y hemos fracasado hasta ahora en todos los intentos de controlar esta actividad.

Quizás le interese saber que este fracaso se debe a que ha puesto énfasis en dos cosas que no funcionan. Una, la formalización, cuando en verdad los mineros ilegales no tienen ningún aliciente para hacerlo pues ella no les ofrece otra actividad económica que les de los ingresos que esta minería hoy les da. La otra, la interdicción, pero la represión en un territorio tan extenso solamente genera el desplazamiento a otro. Ojalá que usted comparta que es urgente explorar otras alternativas.

Una alternativa sería, por ejemplo, sancionar a esos empresarios de la banca por la que circulan los dineros de la minería ilegal; a esos comerciantes de gasolina que abastecen a las dragas grandes y pequeñas y toda la maquinaria pesada que se usa en la zona; a esos importadores de esa mismas maquinaria y equipos y de los insumos químicos que se usan para sacar y procesar el oro; a esos dueños de fundiciones y empresarios exportadores que lo blanquean y lo exportan.

Le dirán que hay normas, eso es verdad. Pero hasta ahora no vemos a ningún pez gordo, a ningún gran banquero, importador, comercializador o exportador, que haya sido sancionado como se merece. Hábleles. Dígales que eso de “…es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos”, se aplica particularmente a ellos.

Otra alterativa sería, por ejemplo, hacer algo en serio para mejorar la vida en las zonas andinas de las que vienen las personas que ven en el oro la posibilidad de escapar de la pobreza.Le informarán que este es un país de ingresos medios, que ya entró en la modernidad, que basta ver como hay “shopping plazas” por todas partes. Pero no se la crea del todo. Seguimos teniendo cantidades y niveles de pobreza y de desigualdad que son francamente inaceptables.

Y esto tiene que ver con Madre de Dios pues la enorme mayoría de la gente que ahí trabaja viene de zonas de extrema pobreza. ¿Lógico no? No es que a la gente le guste trabajar de sol a sol en un calor infernal, metida hasta el cuello en aguas llenas de mercurio y cianuro, y expuestos a la violencia de las mafias que operan en la zona y controlan mucho del negocio.

Entonces, pregunte usted al Presidente, la Primera Ministra y las autoridades que lo estarán rodeando, si están haciendo de verdad lo suficiente para acabar con la pobreza y con la desigualdad. Recuérdeles que usted es sobre todo hincha de San Francisco de Asis y que él era tan amigo de la naturaleza como enemigo de la explotación de los trabajadores. Cuénteles que San Francisco de Asís reaccionó muy fuerte contra los horrores de la acumulación originaria capitalista que le tocó vivir, y sepa usted que esa súper explotación del trabajo ha pasado a ser una forma permanente de la acumulación de capital en el Perú. Dele una mirada al video de jóvenes trabajadores achicharrándose encerrados con candado en containers metálicos en el centro de Lima.

Una tercera sería generar alternativas de trabajo e ingresos razonables para aquellas personas que ya están embarcadas en la minería del oro en Madre de Dios. Acá el problema es que a diferencia de las chacras de coca que pueden pasar a ser chacras de otra cosa si el agricultor encuentra buena salida para otros productos- el minero de oro no se puede reconvertir productivamente en nada en esas mismas tierras que hoy ocupa. Sucede que la coca no destruye la tierra en que crece, en cambio la extracción de oro lo que deja son terrenos deforestados y suelos contaminados de mercurio y cianuro en donde no puede cultivarse nada. Y todo esto en un ecosistema muy frágil que no puede soportar la presencia de tanta gente.

Estimado Papa, pregúntele pues al Presidente, la Primera Ministra y a quienes estarán atentos a sus palabras, porque no están haciendo algo realmente serio en este terreno para enfrentar estos problemas. Y reclámeles porque en lugar de ocuparse de estas cosas, siguen rebajando los estándares y flexibilizando los procedimientos ambientales para facilitar las grandes inversiones. Porque, sepa usted, que esas mismas autoridades que los estarán adulando en su visita al país, están más que dispuestas a sacrificar el medio ambiente y a los trabajadores para mantener altas las tasas de ganancia de los grandes inversionistas.

Y una cosita final. Puede que todo lo anterior le resulte un poco pesado y que no quiera pelearse con las autoridades peruanas por el medio ambiente y las condiciones del trabajo. Pero al menos denos un gusto. Tráiganos a ese pederasta peruano de apellido Figari que tiene usted escondido y protegido en Roma. Abusó sexualmente de jóvenes que depositaron su fe en él y en esa Iglesia Católica que usted preside. Le haría mucho bien a su iglesia ponerlo a disposición de la justicia peruana para que sea juzgado como se merece. Hágase una Papa Francisco.