Pacto de mercaderes

El problema más serio de la política peruana es que se encuentra copada por fuerzas que actúan en función de sus intereses privados. Ven al gobierno como un instrumento para aumentar su riqueza particular, importándoles poco o nada el bien común.

PPK es un típico representante del capitalismo transnacional, cuya presencia en el Estado peruano estuvo siempre ligada a intereses económicos y financieros internacionales. Escogido con el mal menor frente al peligro de un nuevo asalto fujimorista, en poco tiempo demostró que su gabinete de altos ejecutivos, resultaba un fiasco. El lugar prioritario de su agenda lo ocupa la posibilidad de utilizar los recursos públicos para usarlos en función de negocios particulares.

Desde el “negociazo” de su asesor personal en Salud hasta la obsesión por favorecer a la empresa Kuntur Wasi de su amigo y socio Sebastián Piñera, el objetivo no deja dudas.

La trama Odebrecht demuestra cada vez con mayor claridad, que en el corrupto gobierno de Alejandro Toledo, se favoreció a sí mismo, enriqueciendo descaradamente a su empresa unipersonal y a la de su testaferro. Cinco millones de dólares acumulados a vista y paciencia, desde su poderoso cargo de ministro de Economía.

El otro factor de poder, el fujimorismo, por desidia cómplice de las fuerzas democráticas, acabó convirtiéndose en mayoría parlamentaria. Representando al capitalismo emergente, en buena parte desde economías delictivas, la enorme acumulación de dinero durante el expolio de su dictadura, le permitió organizar un bien financiado aparato clientelista.

Si los principales crímenes de la dictadura se conocen y casi un centenar de funcionarios de su primer gobierno acabaron en prisión, se relajó la vigilancia sobre la recuperación de lo robado. Incluso existen quienes consideran que la correlación es la verdad y que los votos dignifican.

Craso error, porque el dinero compra conciencias. El cambalache de la vacancia por el indulto fraguado, deviene en el pacto entre los representantes del gran capital transnacional con las economías delictivas del capitalismo salvaje.

La coalición, alejada de principios éticos, junta a las dos vertientes de la república empresarial. Su consolidación solo podrá hacerse a costa de la institucionalidad, cercenando libertades, porque ambos se basan en el usufructo privado de los bienes públicos.