Ojalá pase un huaico que lo borre de pronto

Mujer sale entre palos y barro después del huaico

Jorge Millones

El modelo neoliberal peruano es como un huaico. Todos saben que vendrán desastres, pero a nadie parece importarle y unos pocos hacen “negociazos y faenones”.

Muchos lo sabían, pero no les importó. “Roba, pero hace obras”, les dijeron, pero no les importó. ¿Y la planificación? ¿Y las obras que la ciudad realmente necesita? No les importó, les dieron otro bypass y aplaudieron. ¿Y los murales y la cultura? ¿Y el civismo? No les importó, les dieron un túnel y miraron a otro lado. ¿Y la reforma del transporte? Les dieron un parque que se acaba de comer el río Rímac. ¿Y los espacios públicos? Nada les importó.

Ahora que el calor sancocha una ciudad sin áreas verdes que la protejan de la radiación, ahora que los ríos van cercando Lima destruyendo la dictadura del cemento, ahora que temblamos cada vez que llueve, esperemos que un súper huaico no termine por reprobarnos como ciudadanos y tengamos que abandonar Lima convirtiéndola en una ciudad para la arqueología.

A COCACHOS APRENDÍ
Los huaicos vienen a enseñarnos que la corrupción es ineficiente, las obras inútiles solo llenan de cemento la ciudad y la total falta de previsión caracteriza a este tipo de gestiones, porque están más pendientes en romper una y mil veces una pista para volverla a hacer, metiendo la respectiva “uña” y sobrevalorando costos, antes que destinar mayores fondos a prevención, pertinencia y estudios técnicos honestos, antes que en educar a la población y desarrollar una cultura cívica solidaria.

Los huaicos vienen para enseñarnos que el cacareado “crecimiento económico” benefició a muy pocos, que los tecnócratas neoliberales eran tremendos corruptos y que privilegiaron sus bolsillos antes que las necesidades del país, que la cultura egoísta que se ha desarrollado en estos 20 años del “Sálvese quien pueda” no funciona.

O estamos unidos (sobre todo los que menos tienen) para planificar, exigir y crear un mejor país, o pasaremos a formar parte de ese torrente corrupto y asqueroso que se lleva al país por delante. Tal parece que los peruanos aprendemos a cocachos a ser mejores ciudadanos.

EL MODELO JAMÁS SE EQUIVOCA
“Furia de la naturaleza” es como le llaman los neoliberales a su incapacidad de pensar en el bien común. Y lo repiten los políticos y los medios que defienden el modelo, trasladan su responsabilidad a “la naturaleza”, eximiéndose de sus propios errores.

Cuando en la gestión de Villarán un “olón” se llevó una obra que a casi nadie afectó, los oligopolios mediáticos la “lincharon” y se prestaron para revocarla. Hoy que los huaicos inundan la ciudad y tocan las puertas de Palacio de Gobierno, los medios ni se preguntan dónde está el alcalde.

Si Castañeda era conocido como el “Mudo”, gracias a los medios es conocido como el “invisible”, porque brilla por su ausencia justo en este terrible contexto de desastres, que es cuando más una ciudad necesita que sus autoridades lideren la contención y la reconstrucción que se viene.

El modelo neoliberal peruano es un huaico. Todos saben que vendrán desastres, pero a nadie parece importarle, mientras unos pocos hacen “negociazos y faenones” la inmensa mayoría apenas sobrevive y consume telebasura.

Los que más sufren se cansan de ir una vez tras otra a reclamar a las oficinas pertinentes, pero nadie les hace caso. Entonces empieza el embalse de descontentos y de injusticias, luego vienen los destapes de corrupción y cuando los más afectados recién descubren que han sido timados, estalla el conflicto social como un violento huaico.

Y la violencia se apodera de todo, los afectados toman carreteras o algún local público, destruyen propiedad pública o privada y luego la policía les dispara, las turbas en venganza atrapan a algún policía y descargan sobre él toda su furia. El saldo es destrucción, muertos, detenidos, impunidad para los de arriba y persecución para los de abajo.

Ese es el patrón del huaico neoliberal, así funciona esto año tras año, elección tras elección, es el modelo fujimorista de gobierno que han seguido ejecutando los demás presidentes, ilusión de crecimiento, por un lado, y saqueo a gran escala por otro.

Cuando vienen los desafíos (como los desastres que estamos viviendo) y se necesitan aquellos recursos producto del “crecimiento”, se descubre que no están, no alcanzan, o se destinaron a cualquier cosa y naturalmente, sobreviene otro huaico. Pero los defensores del modelo gritan agresivamente “¡A él no lo toquen, a él no lo toquen!”.

¿NEOLIBERALISMO O DEMOCRACIA?
La democracia es un juego complicado, pero es el que mejor puede canalizar los descontentos y los conflictos. El diálogo sincero y fraterno entre peruanos es el punto de partida de la democracia peruana, no lo es el afán de lucro que el neoliberalismo ha impuesto por sobre todos los demás derechos, ni la corrupción a gran escala que lo caracteriza. La democracia es hasta ahora la mejor manera de luchar contra la injusticia, el neoliberalismo ha sido todo lo contrario. Usted decide.

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