Nueva marcha este sábado 25

El Perú es el tercer país sudamericano con la mayor cantidad de feminicidios íntimos. Las iniciativas del Estado para erradicar la violencia contra la mujer llevan buen trecho con pocos resultados.

Hay Tres Planes Nacionales contra la Violencia hacia la Mujer desde el 2002 y en vigencia el plan 2016-2021. El 2015 se aprueba la Ley 30364 para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres y los integrantes del grupo familiar. Desde el 2001 opera el Programa Nacional contra la Violencia familiar. Lo mismo podemos decir de la LIO 28983 aprobada en el 2007, con tres Planes Nacionales a la actualidad.

La Defensoría del Pueblo ha señalado que estos avances son en materia declarativa y no efectiva por parte de los Gobiernos Regionales y Locales.

Este año hemos sido testigos de una inmensa campaña “con mis hijos no te metas”, apoyada por sectores de la iglesia evangélica y católica como de congresistas para detener un currículo educativa impulsada desde un sector académico y menos conservador, una mejor comprensión de los roles de género que históricamente han promovido la discriminación y jerarquía entre hombres y mujeres.

El historiador Flores Galindo señalaba en su ensayo “La tradición Autoritaria” que en nuestra sociedad era habitual separa la sociedad del Estado, fragmentarla, pero están conectadas por este discurso dominante y autoritario presentes en el inconsciente colectivo, que atraviesa la familia, la iglesia, la escuela y el Estado. El filósofo Michel Foucault hablaba de esa perversa forma de controlar la conducta de las personas, en su libro “Vigilar y Castigar”, pues cuando el discurso dominante ya está interiorizado, no son necesarias las instituciones para ejercer la vigilancia ni el castigo.

La transformación de las mentalidades es lento y a veces cobra muchas víctimas. La gente no entiende que el ataque a una mujer es impredecible y puede surgir en cualquier momento. En una sociedad que fabrica machistas violentos o amorosos todos los días. La peor versión de esta violencia de género se ensaña con mujeres pobres, donde el Estado está lejos para protegerlas y donde nadie las escucha, ni pueden acceder a poner una denuncia.

No basta con firmar todos los tratados internacionales para eliminar la violencia contra la mujer, si dentro de nosotras o de nosotros habita consciente o inconscientemente un perpetrador de violencia hacia la mujer.

Es necesario que unidos enfrentemos ese gran reto de erradicarla violencia hacia las mujeres peruanas. Que el amor triunfe y no el miedo. Por todo esto este 25 debemos apoyar la marcha Ni una menos.