No quiero que me olvides

¡Ay, querida! Hoy te ves radiante con ese color de cabello canela y con esos ojos de tigresa indomable. Cariño, no te olvides de mí, mañana, no te olvides. No te olvides, aunque es inexorable que lo hagas.

Hablo con una amiga que es una de las que está en ese 10% maldito de la población peruana que es víctima del mal del Alzheimer.

Este mal consume poco a poco la memoria de nuestro cerebro y lo peor de todo es que hasta ahora no tiene cura.

Mi amiga ha olvidado ya el nombre de su perrito que amaba mucho hasta que murió cuando tenía 15 años de edad. La acompañó 7 años. Tiene su foto en su cuarto, pero ya no se acuerda de él.

A veces, creo que me olvidará pronto a mí y eso me llena de tristeza; porque en cambio yo, desde que supe de su mal, no hago otra cosa distinta que recordar todo lo que hemos vivido y en ese proceso me he dado cuenta que me parezco mucho a ella.

Es curioso, porque ella por ahora no se ve mal, se le ve linda con ese radiante color canela; pero yo sí me siento pésimo y no entiendo aún por qué le tuvo que tocar a ella. Le puede tocar a cualquiera, me dicen, que nadie está a salvo y que es preciso tomar conciencia y ayudar a los que lo padecen.

Ella me ha pedido que no la olvide. Esto es muy curioso porque, me dijo un médico, lo más probable es que ella me olvide a mí.

Amiga, hermana, hermanita de todo, aquí estaré siempre a tu lado porque eres lo mejor que me ha pasado en la vida y te rogaría con todas las fuerzas del mundo que no me olvides nunca.

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