No nos engañas, K-maleón

K-maleón. ¿Defiende los derechos humanos quien permitió que torturaran a su madre?

Decimos popularmente que el Camaleón cambia de color según la ocasión. Se sabe que una de sus cualidades es disimular su color original, transformarlo en otro para así, confundiendo, atrapar fácilmente a su presa.

Pues bien, ha nacido un nuevo camaleón en la política peruana, una mujer a quien le dedicaré algunos post en esta página para que hagamos memoria que su color naranja ha significado y significa lo mismo de siempre: la estirpe de reptiles que tienen en su ADN político la corrupción y el crimen, la violación a los derechos Humanos, el clientelismo político y el quiebre de la democracia, la señora Keiko Fujimori: K-maleón.

¿Defiende los derechos humanos una mujer, hecha y derecha, que fue consciente que a su madre, Susana Higuchi, la llevaron al SIN, a ser torturada, inyectada, a quien le aplicaron electroshock , que lo hizo Montesinos y su banda de asesinos con el aval de su padre; una madre a quien vio cómo era encerrada en Palacio de Gobierno con las puertas selladas con soplete, buscando enloquecerla por ser incómoda al régimen de su padre, por denunciar el tráfico de ropa donada a los pobres por las hermanas de su entonces esposo y las trapacerías de su clan?

¿Defiende los derechos humanos quien, sin dudar un instante, luego de esta tortura sistemática, ocupa el lugar de su madre como primera dama, a los 19, durante ocho largos años?

No K-maleón. No nos engañas. Tu pasado es lo único que puedes ofrecer en el futuro. Porque tu silencio y aquiescencia durante esos ocho largos años de primera dama y tu silencio aún mayor durante tu insignificante paso por el Congreso y por la política peruana sobre las violaciones a los derechos humanos cometidas por tu padre y Montesinos, te convierten en cómplice.

No trates de cambiar de color ahora en Harvard para atrapar a tu presa y obtener engañosamente el voto del pueblo. Muchas mujeres, muchas personas tenemos memoria.

No K-maleón. No nos engañas.

Para quienes no lo recuerdan, copio las declaraciones de la Señora Susana Higuchi a la revista Caretas el 28 de febrero de 2002, edición 1718: “Un fin de semana entre abril y mayo de 1992, ocho personas me sacaron con mucha violencia del departamento que nos fue asignado en el 2do. piso de uno de los edificios de SIE (…). Me llevaron con los ojos vendados, me encapucharon, me metieron en una camioneta 4×4 a no sé dónde. Me torturaron con golpes hasta que caí casi inconsciente. Me inyectaron algo para que me quedara totalmente dormida. Allí me aplicaron electroshock, porque cuando vi hablar a Demetrio Chávez Peñaherrera, me preguntaba a mí misma: ¿me habrán hecho lo mismo? Yo, como Vaticano, quedé con lagunas mentales, no hilaba bien las oraciones, no sabía lo que hablaba. No reconocí a nadie. Pero sé que todos tenían porte militar. No sé cuántos días pasaron, pero me ponen la misma ropa con la que me encontraron. Aparentemente estaba desnuda, tambaleante. Me sacaron de ese lugar y me dejaron por la parte posterior del Pentagonito”.

No fue la única vez, ya como congresista, el 4 de junio del 2000 sufrió lo mismo. Recoge Caretas su testimonio que en el Hospital Arzobispo Loayza, un médico que no era el que la atendía la amarró a la cama y junto a ocho personas le aplicó cargas eléctricas, la golpeo y la inyectó.

Reacciones