Muertes que joden todo

Vuelvo a las cuentas, al juego matemático de esa tabla en la que estamos cuartos después de tanto tiempo y me alegro pensando en el partido del jueves en La Bombonera; pero me empuja a la indignación y luego al asombro la noticia de que un maldito con metralleta mató al menos a 60 e hirió al menos 500 en los Estados Unidos.

Muertes que te joden el ánimo, muertes que sorprenden al mundo entero, muertes en un país donde Trump habla sobre seguridad.

Trato de retornar a la magia del fútbol; pero ya no es lo mismo. Las muertes pueden más: los gritos, los sufrimientos, el sonido de la metralleta. Ni la hazaña de Cachito ni esa biografía extraña de Gareca ni las orejas de Flores que se venden en Gamarra ni la algarabía por las entradas ni el movimiento de las tribunas de Buenos Aires, nada, la muerte puede más. La muerte aparece justo para joder la vida.

Y las muertes siguen hablando.

Impunidad: respira tranquilo el empresario ebrio que a bordo de su carro mató a tres en la Costa Verde y se dio a la fuga; Alejandro Toledo se ríe de la orden de captura en el país donde el loco acabó con tantos; Joaquín Ramírez anda con la tranquilidad de esos que resuelven todo con dinero; AG, viviendo como rey en Madrid mientras que en Andorra los 15 millones de dólares esperan al dueño; PPK sigue jugando con el indulto sin respeto ni a sus electores ni a la justicia ni a sus compromisos ni a los muertos de La Cantuta y Barrios Altos ni al niño de ocho años de edad; Keiko le hace el milagrito a Yesenia Ponce y espera que no encuentren nada cuando le levanten el secreto bancario; Kenji tratando de hacer otro golpe mediático para tratar de ayudar a su hermana.