Movimiento popular como oposición democrática

Hay un desborde popular y un malestar generalizado en todo el país. El Gobierno no se da abasto para enfrentar problemas estructurales que se han agudizado mucho más con el vergonzoso indulto a Fujimori. Hecho que revive una de las heridas más grandes que nos ha dejado el siglo XX, en nuestra historia republicana.

Hay una reconfiguración del movimiento social, el cual aún se manifiesta de manera fragmentada, desorientada y con limitaciones intrínsecas que obedecen más al adormecimiento y arrinconamiento al cual ha sido sometido durante estos últimos 27 años. Sin embargo existe, es latente, es masivo, amplio, plural y esta crisis de régimen es una oportunidad para fortalecer toda organización popular, desde el barrial hasta el campesino, el laboral, estudiantil, de mujeres y más.

La gran movilización de este 11 de enero, pone en evidencia las carencias del sistema y está haciendo un llamado a la población en general, a plantearse la necesidad de un cambio estructural. Y ese debe ser el siguiente paso, ahora. A PPK, y al fujiaprismo y a toda esa coalición corrupta y conservadora, hay que construirle una agenda política desde la calle. Y esa es una batalla por el poder, es una disputa social, política, cultural, discursiva y territorial.

Hay conciencia de que las demandas que se vienen planteando en estos últimos años, no son demandas que fácilmente serán resueltas por un gobierno de derechas y bajo el actual sistema político. Ese nivel de conciencia es aún incipiente y para ello necesitamos que las familias comiencen a discutir políticamente en torno a los cambios que hay que hacer en nuestra sociedad y ese es un cambio a todo este sistema político en crisis.

Humildemente considero que, en este periodo, uno de los objetivos del campo popular es consolidar organización en los territorios, a fin de tratar de desplazar a los sectores que no nos permiten avanzar y que son los más reaccionarios y conservadores de nuestro país. Y eso se debe entender como el fortalecimiento de los espacios de trabajo y debate, los mismos que nos cuesta mantener desde la dictadura de Alberto Fujimori. Sumar a otros sectores, donde no sólo estén los estudiantes sino que incluya también a trabajadores, campesinos, mujeres, independientes y otras organizaciones con una clara perspectiva anti-neoliberal.

El sector más afectado por la instauración de este régimen depredador, privatista, usurero y corrupto, es la juventud. Y la indignación de este sector que en los últimos años hemos venido movilizándonos, exige ahora que se vaya PPK y junto con él, todos los corruptos. También exigimos y hacemos un llamado a que ningún Fujimori más nos gobierne. Un cambio de Constitución es urgente y es hoy, una exigencia ciudadana. A luchar en las calles y con unidad, reconstruyamos la historia.