Más allá del lamentable debate

Haríamos mal si, por amiguismo o simple condescendencia, aceptamos como normal y adecuado el último debate que protagonizaron los candidatos a la alcaldía de Lima. Más allá de las evaluaciones personales, lo cierto es que, en promedio, ha sido el debate más pobre en propuestas y talante político que haya podido observar en los últimos 30 años. Señalar que ha habido un ganador, es en ese sentido desproporcionado, pues los resultados del debate no tendrán ningún efecto práctico en los próximos resultados electorales.

Algunos formadores (prefiero este término al de líderes) de opinión, creen que el ruido que se forma en las redes sociales tiene algún tipo de consecuencia en el rumbo de los acontecimientos. No quieren darse cuenta que las redes, en especial Twitter, tiene legiones de portátiles partidarias virtuales, conformadas por cuentas falsas que no son la expresión de un sentimiento ciudadano sino el más certero homenaje al autoengaño. Para efectos de los próximos resultados, tampoco tendrán ningún efecto práctico.

La lamentable performance política del último domingo es simple expresión del drama que viven todos los partidos políticos sin excepción. Los candidatos ya no tienen detrás de ellos a un cierra filas partidario sino estructuras débiles y fraccionadas. La mayoría ni siquiera tiene comandos de campaña que les ofrezcan pautas políticas y definan las tácticas a desarrollar por las bases partidarias. Los planes de gobierno municipal mencionados son resultado del esfuerzo individual de los candidatos y no están en las páginas web de los partidos y mucho menos son consecuencia de un conjunto de ideas discutidas según la visión de Lima que tiene la agrupación política.

Pero tal vez lo más penoso de todo es que nuestra línea de exigencia sea tan baja y permisiva. El amiguismo y la poca reflexión alimentan conclusiones apresuradas que señalan quiénes son técnicos y quiénes no, quién “ganó” y quién “perdió”.

La política peruana sigue su camino hacia las honduras más profundas. Por eso creo que es señal, de lo mal que estamos, que el futuro del país más dependa de los resultados de otras elecciones, el mismo 5 de octubre, pero en otro lugar: Brasil. Lo que pase aquí en el Perú, en regiones y alcaldías, no alterará en nada nuestra coyuntura pues seguiremos en más de lo mismo.◘