Mal de muchos…

La ausencia en el mensaje presidencial de Fiestas Patrias de alguna mención significativa sobre la desaceleración económica, no solo reflejó el poco o nulo deseo de abordar temas incómodos. También evidenció que el régimen se está quedando sin balas en su cartuchera de medidas, y que su mejor apuesta sería aguantar hasta el 2016 y que el próximo gobierno cargue con la factura.

Y es que las condiciones externas excepcionales que gozamos por años; con altos precios de las materias primas que exportamos, se han acabado. La fiesta terminó, y estamos descubriendo en la resaca de todo lo vivido, que seguimos siendo una economía pequeña, dependiente y altamente vulnerable. Tuvimos una década de condiciones ideales, y ciertamente crecimos; pero no nos desarrollamos ni nos trasformamos. Apostamos todo a la fantasía de que los precios internacionales seguirían elevados indefinidamente y ahora nuestro panorama es incierto.

Uno de los aspectos más graves del fin del auge es el deterioro de los ingresos fiscales. Del 2013 al 2014 el monto de tributos pagado por las industrias extractivas (minería e hidrocarburos) se redujo en casi 25%. El panorama para el 2015 es igual de malo o peor; no solo porque los precios internacionales siguen deprimidos, sino también por la rebaja en el impuesto a la renta de las empresas que el gobierno impuso, dizque para “reactivar” la inversión privada. Por supuesto, la inversión privada sigue estancada, y lo único que logró esta medida fue traerse abajo la recaudación. Al cierre del primer semestre lo recaudado por impuesto a la renta de la minería y la pesca ha caído en 40%. En el caso de hidrocarburos la caída es aún mayor: más del 50%.

Estamos hablando de miles de millones de soles que el fisco ha regalado impunemente, sin obtener compensación alguna. Eso nos pasara factura tarde o temprano, cuando el déficit fiscal apriete y por algún lado tengamos que recortar gastos. ¿Quién pagara los platos rotos?: ¿la educación, la salud, los programas sociales?.

Mal de muchos, consuelo de tontos, dicen; y ese refrán puede aplicársele a nuestro país, pues a lo largo y ancho de América Latina se repiten los casos de gobiernos que se intoxicaron con los altos precios de las materias primas, y que ahora no tienen respuesta cierta frente a la desaceleración económica y el desbalance fiscal. Ese pobre consuelo les queda a nuestros gobernantes, que durante las vacas gordas se mostraron tan eufóricos como poco previsores.

Reacciones