Luz y sombra de Brasil

El Poder Judicial del Perú apareció ayer ante la opinión pública representado por magistrados que procesan el caso Odebrecht. Grato fue escuchar a Hamilton Castro, Fiscal Anticorrupción, informar sobre el esfuerzo investigativo complejo y minucioso, y el dato de que la colaboración con la justicia de Brasil incluye el pedido peruano de que la empresa brasileña pague al Estado peruano un adelanto por las ganancias ilícitas obtenidas en el Perú.

Por su parte, el Fiscal de la Nación, Pablo Sánchez, prometió: “lucharemos contra la corrupción, caiga quien caiga”.

El trabajo de ubicar responsabilidades y nombres ha significado un esfuerzo de cooperación con organismos judiciales de Brasil, de Suiza y otros países. Las pruebas se van acumulando, y prometen algo así como un terremoto político, periodístico y moral. Más de uno de los expresidentes del Perú confrontados en el juicio por recepción de coimas y lavado de activos debe de estar tejiendo planes de fuga.

Lo cierto es que el escándalo tiene no solo redes vastas, sino también recursos delictivos. El doctor Hamilton Castro calificó el establecido por Odebrecht como “un sistema de corrupción sin precedentes en la historia del Perú”. Señaló el Fiscal que la organización inmoral operaba con tres financieras off-shore, y que los dineros de sobornos eran entregados a través de esas ramas a personajes ocultos en seudónimos.

Con el caso Odebrecht y el de Petrobras, Brasil ha quedado marcado como una capital de la corrupción. Esa es una cara, la cara de sombra del gigante sudamericano.

Pero Brasil tiene asimismo rostros de luz. Uno de ellos es el del arzobispo y cardenal Paulo Evaristo Arns, defensor de los pobres, militante de la Teología de la Liberación y enemigo de las dictaduras, y denunciador de torturas y represión, quien ha muerto el 14 de diciembre.

El prelado fue el cuarto de trece hijos del matrimonio de dos inmigrantes alemanes. Muy joven ingresó a la orden de los padres franciscanos. Después de estudiar Teología en Brasil, se doctoró en lenguas clásicas en la Universidad de la Soborna de París.

Su ejercicio eclesiástico lo llevó a crear comunidades católicos de base, que llegaron a ser 80.000 en Brasil. Su firmeza lo llevó a escribir al Papa Ratzinger:

“Usted ha asumido la visión de los enemigos de esta teología [de la liberación], que son los militares latinoamericanos y los grupos conservadores del episcopado… Espero de usted un nuevo documento, positivo ahora, que reconozca esta forma de hacer teología a partir del sufrimiento de los pobres y en función de su liberación”.

El Papa escuchó al arzobispo, y escribió una instrucción positiva sobre libertad y liberación.

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