Los pasos perdidos de PPK

Escribo estas líneas cuando el debate sobre la vacancia presidencial sigue y va para largo. A tal altura, nadie puede asegurar cuál va a ser el voto final. El presidente Pedro Pablo Kuczynski no ha desmentido que haya obtenido utilidades de contratos con Odebrecht a través de una empresa de su propiedad. Ha tenido, sin embargo, tono de indignación en defensa de su honor y de su nombre, que lleva el sello de ese gran peruanista, amigo de los indios, que fue su padre, Máxim Kuczynski.

He ahí una muestra de lo ambiguo que pueden ser las palabras de la ley. Cualquiera sea el resultado del debate, sería buena la prudencia en su enunciado y definición.

La defensa de Alberto Borea, cuya finalidad no comparto, me hizo recordar épocas en que el Congreso solía ser escenario de grandes oradores, juristas, aparte de hombres de cultura. Borea evocó a Raúl Porras, Luis Alberto Sánchez, Héctor Cornejo Chávez, Carlos Malpica. Especie en extinción o ya extinta.

Estamos ante un acto de suspenso. En el caso de aprobación de la vacancia, se abre un capítulo dramático. Se produciría lo previsto en el artículo 115 de la Constitución:

“Por impedimento temporal o permanente del Presidente de la República, asume sus funciones el Primer Vicepresidente. En defecto de éste, el Segundo Vicepresidente. Por impedimento de ambos, el Presidente del Congreso. Si el impedimento es permanente, el Presidente del Congreso convoca de inmediato a elecciones”.

Kuczynski ha dado a entender que si lo vacan, sus dos vicepresidentes renunciarían al cargo. Vendrían entonces otras batallas: para que el Congreso acepte las renuncias y, en el caso de la convocatoria a elecciones previsto por el artículo 115, la lid se daría en un escenario muy enredado, pues en el ánimo público asoma un voto contra todos los actores de la política: el grito “que se vayan todos” palpita en el corazón ciudadano.

Por ahora, nada se puede asegurar. En casi todas las bancadas hay discrepancias internas. Los más nerviosos parecen los fujimoristas, que disfrutaban de una mayoría abusiva y prepotente, y que saben que no van a repetir el plato.

Más allá del voto sobre PPK, lo que ha quedado claro es que él representa un sistema, una casta, una ideología que en sí mismos ostentan incapacidad moral permanente.