Los jóvenes a la obra

Luego del despido de miles de trabajadores de las empresas públicas en los años 90, las llamadas “flexibilizaciones laborales”, so pretexto de impulsar la economía nacional, y alcanzar el bienestar de los más pobres, han ocasionado el recorte de esenciales conquistas sindicales, sin obtenerse logros evidentes de prosperidad a cambio. Las acciones de rebajar los costos laborales están enmarcados en la política económica neoliberal, que se practica hace 24 años, y que ya desaparecieron la estabilidad laboral y la jornada regular de las 8 horas, además de decretarse como delito movilizaciones y marchas de los trabajadores, incautándoles sus aportes al FONAVI, restringiéndoles el acceso normal a las utilidades, obligándolos a pagar comisiones a las AFP, y contando con la complicidad del propio Ministerio de Trabajo, donde más del 90% de las denuncias laborales terminan archivándose.

La recientemente promulgada Ley de Régimen Labora Juvenil, reforzada por las expresiones del presidente Humala sobre: “…Los jóvenes tiene que pagar derecho de piso”, pretende abaratar más los ya reducidos costos laborales, en beneficio principalmente de las grandes empresas, y no de las micro o Mypes, eliminando compensaciones por tiempo de servicios, gratificaciones, utilidades, y reduciendo las vacaciones a solo 15 días. Los teóricos ministros, Alonso Segura de Economía y Finanzas, y Piero Ghiezzi de PRODUCE, quienes durante sus gestiones no exhiben logros, están encontrando la horma de sus zapatos con las iniciales reacciones de nuestros jóvenes, y que auguran un serio revés para el gobierno y el diario monopólico que representa la ambición mercantilista de las empresas, que copan sus páginas con rimbombantes y costosos anuncios publicitarios.

La deficiente política pesquera, por ejemplo, que ha permitido la depredación de la anchoveta, y el aumento de la pesca ilegal, ha generado una grave crisis que pretende encubrirse achacándola a supuestas anormalidades climáticas; y donde el pescador ha visto desactivarse su Caja de Beneficios Sociales del Pescador; condenándosele a ridículas pensiones de jubilación y, para los activos, minimización de su porcentaje de pesca, complejidad para sus atenciones de salud e impedimentos para expresarse con libertad, ante la infiltración corrupta empresarial en sus organismos sindicales, los cuales extrañamente abogan por los postulados industriales y no por los sacrificados pescadores.

La juventud que ha reaccionado contra una norma abusiva y esclavizante, está consciente que la actual clase trabajadora, compuesta por sus padres y parientes más cercanos, está excluida de los beneficios económicos que los grandes empresarios han venido obteniendo en los últimos años, y que solo ha servido para ampliar la brecha entre los poderosos y la masa laboral que es la que alcanza con esfuerzos y sacrificios los beneficios del mar, de las minas, de la agricultura, y aun en las calles.