Los cupos de San Martín, la represión y destierros

San Martín - Independencia del Perú

Por no firmar el Acta de la Independencia.

Uno de los capítulos políticos más caóticos que vivió Lima tras la entrada de incógnito del libertador José de San Martín el 12 de julio de 1821, fue la violenta persecución, deportación y pérdida de propiedades de millares de españoles y criollos que se negaron a firmar el Acta de la Independencia o jurar la libertad. Pronto corrió por la ciudad la consigna: Firmar para protegerse o escapar del libertador y su ministro jacobino Bernardo de Monteagudo.

Según narra el historiador canadiense Timothy Anna, en su obra “La caída del gobierno español en el Perú, el dilema de la independencia”, cuando el héroe argentino ingresó a Lima dijo que no habría venganzas y prometió respetar las opiniones, vidas y propiedades de los españoles pero no cumplió.

Pero el libertador ordenó fuertes cupos, incautar haciendas, soberbias casonas y palacetes, comercios, negocios, miles de ganados, cosechas, dinero, plata, oro, joyas para financiar la guerra y su ministro Monteagudo deportó millares de familias españolas .Otras huían a guarecerse en el Callao o se escondían por no firmar el Acta de libertad ni jurar la independencia.

Muchos desterrados iban con lo necesario para el camino pero la mayoría salían con sus fortunas como el arzobispo de Lima Bartolomé María de Las Heras, que con la codicia propia de mundano, envió a España su fortuna de 473.647 reales de plata, a través de general realista arequipeño José Manuel de Goyeneche. Las Heras firmó el Acta pero no aceptó otras exigencias del libertador y fue deportado a España.

Estas fortunas llegaban a través de Panamá y Jamaica a bancos de Londres, Madrid y París, según una carta del español Juan Miguel de Lostra socio de la familia Goyeneche en España.

HACENDADOS Y ESCLAVOS HUYEN
En Lima las haciendas de Chincha, Pisco, Ica, Chancay y Huaura, fueron abandonadas por los esclavos y sus propietarios, causando un desabastecimiento jamás visto y se calcula que diariamente morían entre 12 y hasta 15 ó 20 soldados, producto de una posible peste de cólera en Lima, sin contar las deserciones.

Todo ello obligó al virrey José de La Serna a abandonar Lima el 5 de julio de 1821, mientras el pánico se acrecentaba en la aristocracia por la presencia de partidas negros, indios y bandoleros, que pululaban por la ciudad y amenazaban con asaltos y saqueos; el cierra puertas era general.

El bloqueo del Callao por los patriotas generó desabastecimiento y hambre en Lima. El viajero británico Basil Hall dice: “Tuve que navegar hasta Huacho para encontrar alimentos y agua para mi barco”.

Días antes del 15 de julio se inició la recolección de firmas y unas 3,504 personas firmaron el Acta de Independencia. Anna, añade que la declaración de la independencia no fue un sentimiento nacido de la voluntad de los limeños, fue la necesidad de calmar sus miedos de la amenaza contra sus vidas y propiedades de la ira de los nuevos conquistadores de Lima, los patriotas.

INCAUTACIÓN DE HACIENDAS
El marqués de San Juan de Nepomuceno, don Manuel Antonio de Arredondo y Pelegrín fue despojado de las haciendas Montalbán y Cuiva en Cañete que en 1823 fueron donadas por San Martín al libertador de Chile Bernardo O’Higgins.

El sacristán mayor de la catedral de Lima Nicolás Tadeo Gómez huyó, fue apresado en Chancay y sus bienes confiscados por orden de Monteagudo por negarse a declararse patriota. Lo mismo denunció el obispo de Huamanga don Pedro Gutiérrez de Cos. Al rico hacendado criollo José Antonio Prada, se le confiscó su hacienda valorizada en unos 700,000 pesos, por negarse a firmar el acta independiente.

El peruano marqués de Valle Umbroso don Pedro José de Zavala y Bravo abandonó sus propiedades, su esposa y 8 hijos y viajó a España comisionado por el virrey La Serna, para pedir ayuda al rey y cuando regresó perdió inmensas propiedades que poseía en el Cusco. San Martín devolvió una a su esposa en Lima.

Asimismo el conde de Valle Hermoso don Juan Manuel Plácido Berriozábal y Beytia, oidor del Cusco y auditor de guerra del ejército realista en el Alto Perú y Alcalde del Crimen en Lima, fue procesado por conspiración y deportado por Monteagudo. Berriozábal había denunciado el conato de rebelión de Aguilar y Ubalde en el Cusco en 1805. Sus propiedades fueron incautadas

FUGA MASIVA DE ESPAÑOLES
La disyuntiva era firmar o huir. Anna, sostiene que “En los días inmediatamente previos o posteriores a la Declaración, muchos peninsulares y criollos realistas huyeron, abandonando a sus esposas y familias, propiedades y negocios.

Otros recurrieron a las escribanías para vender, alquilar o transferir sus propiedades y huir. Dos semanas después de la declaración de la independencia cuarenta y tres de los 64 miembros del Tribunal del Consulado (juzgado del gremio de comercio) huyeron.

Solo 17 miembros del Consulado firmaron la Declaración. Los comerciantes cerraron sus negocios pero San Martín ordenó que todos las tiendas de propiedad de españoles reabriesen o serían confiscados.

Al menos a la mitad de los nobles, dos tercios del Consulado, un quinto del cabildo eclesiástico, y la mitad de la audiencia, tampoco firmaron y en setiembre de 1821 al ingresar Canterac a Lima, más de 2,000 civiles españoles fueron introducidos a la fuerza en el convento de La Merced (jirón de La Unión).

DEPORTACIONES
Decenas de naves dejaban las costas del Perú llevando cientos de emigrantes españoles a Chile y Europa y varios cientos más esperaban en Lima para ser expulsados.

El viajero Hilbert Mathison dice: “Fue mi desgracia ser testigo de este horripilante embarco. Muchos se mostraron bastante violentos en su aflicción al ser inesperadamente forzados a dejar esta suerte… algunos necesitaban ser realmente empujados dentro de los botes por las bayonetas de la soldadesca”.

Dice que vio a muchos españoles a punto de morir de sed, pues no habían bebido agua más de un día. “Para aumentar el horror a la escena, botes llenos de mujeres y niños rodeaban el barco por todos lados, y llenaban el aire con sus lamentaciones, implorando vanamente permiso para abrazar una vez más a sus maridos, amigos y parientes”. Así fue la guerra libertaria en el Perú.

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