Lo que le falta a la izquierda

Quienes vivimos los años de ascenso y fuerte presencia política de la izquierda nos preguntamos por qué ese importante sector político, tan necesario en todas las sociedades porque aporta sus posiciones de cambio y progreso social, no puede recuperar el llamado tercio histórico y su presencia en todos los niveles de la sociedad peruana; años en los que, más allá de las posiciones extremas y las fobias que hoy imperan, su presencia era aceptada como normal en el juego democrático.

Importantes opiniones señalan que aquel bloque sólido y diverso se dispersó por factores como los afanes hegemónicos y el afán de cada partido o grupo de ser el iluminado para conducir un movimiento de cambio y llevarlo a ganar el gobierno; pero también por no haberse adaptado a los cambios mundiales y nacionales que le quitaron vigencia al discurso tradicional de lucha de clases y confrontación extrema que algunas fuerzas de izquierda habían sostenido tradicionalmente y que fue llevado a extremos criminales y demenciales por el terrorismo que asoló a nuestro país en décadas pasadas.

Creemos que lo que le falta a la izquierda para recuperar el vigor de antes y sobre todo consolidar su unidad, es terminar de superar esos problemas y, sobre todo, entrar plenamente en la modernidad, como han dado claras señales de hacerlo figuras jóvenes surgidas en los últimos años, con discursos renovados y posiciones unitarias y plurales, ajenos a los extremismos, que entienden que deben insertarse en una nueva realidad con factores como la globalización y el emprendedurismo.

El tema viene al caso en estos días en que la izquierda tiene en la candidata presidencial del Frente Amplio, Verónika Mendoza, un liderazgo que ha ganado importantes espacios y que por su transparencia y dotes políticas y su sólida formación cultural, así como por ser ajena absolutamente a la politiquería, sube de manera sostenida en las encuestas, al punto que un analista de temas electorales, en esta misma edición, considera posible que siga su ascenso y dispute los primeros lugares.

Tal avance se ha debido en buena medida a que encarna la necesidad de la izquierda de modernizarse y sintonizar con la sociedad. La ciudadanía la aprecia porque encarna a una izquierda moderna que el país necesita, y es diferente a los políticos de oficio y porque habla claro y directo, sin adaptar el discurso al auditorio de ocasión ni cambiar de posición de un día para otro, en función de intereses electorales.

La ciudadanía ve en ella, en fin, un liderazgo que puede actualizar a la izquierda y llevarla nuevamente a posiciones protagónicas, al servicio del país.

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