Lo ideológico antes de lo moral

Hoy que el tema del momento es la prisión preventiva de 18 meses al expresidente Alejandro Toledo, por supuestamente haber recibido 20 millones de dólares de coimas de la empresa Odebrecht, vale puntualizar que en el Perú, para elegir un presidente, más pesa lo ideológico antes que lo moral. Es así que estamos dispuestos a tolerar cierto grado de corrupción siempre y cuando eso nos permita tener a nuestros enemigos ideológicos perseguidos o muertos políticamente.

De Toledo se sabía que fue siempre un personaje desordenado, charlatán, impuntual y amante de las juergas. Un padre irresponsable que negó la paternidad de su hija Zarai.

Pero eso no es todo. Toledo es un mitómano que para sensibilizar a sus electores se vendió como falso lustrabotas, como el cholo emprendedor de Cabana que triunfó ante la adversidad. El expresidente, en sus tiempos de candidato presidencial, no tuvo reparo tampoco en estafarnos con sus estudios en Harvard y falsificar firmas para inscribir su partido. Sacó provecho hasta de la emblemática Marcha de los 4 Suyos, beneficiándose con el millón de dólares de Soros. Y no seguimos porque sus farsas son interminables.

Con todas estas credenciales de inmoralidad, no deberían sorprender sus acciones corruptas en su periodo de gobierno que lo llevarían directo a la cárcel por varios años. Lo que sí llama la atención, es que lo elegimos gobernante sabiendo que es un inmoral. En el caso de Toledo, los “moralizadores” e “intelectuales notables”, se callaron la boca todos estos años. Pero ¿por qué lo hicieron?, la respuesta está en que para ellos la decencia es lo de menos. Primero es lo ideológico antes que lo moral.

Sin embargo, Toledo no es único. También está Ollanta Humala, de quien sabíamos antes de la elección, que tenía un pasado oscuro, entre los que resaltaba la violación de DD.HH en Madre Mía, las seudogesta de Locumba para permitir la fuga de Montesinos, el Andahuaylazo, entre otros. Aquí nuevamente primó el interés ideológico antes que lo moral.

El caso estelar corresponde a Alan García, quien en su primer gobierno cometió graves casos de corrupción, como el BCCI, la reventa de los Mirage, el Tren Eléctrico, entre otros, dejándonos como país inelegible ante el mundo, y fugándose a Francia, donde pidió Asilo Político.

A pesar de todo eso, sabiendo que era un político corrupto, la ciudadanía lo eligió por segunda vez presidente el 2006, en otro ejemplo de que primó lo ideológico antes que lo moral. En su segundo gobierno, la corrupción se extendió por todos los ámbitos del Estado. Muestra de ello son los casos “Petroaudios”, “Narcoindultos”, “Collique”, “Tren Electrico”, etc., etc.

Hoy las coimas de Odebrecht echa más sombras sobre su accionar inmoral, y todo apunta a que él dirigía toda esta banda de corrupción desde Palacio, convirtiéndose en un personaje altamente sospechoso de haber delinquido en el caso Lava Jato.

A estos escenarios, de siempre elegir el “mal menor”, no escapa el actual mandatario Pedro Pablo Kuczynski, quien tiene la fama de lobbista y que fue elegido por el antifujimorismo del país, para evitar que triunfara Keiko Fujimori, hija del exdictador Alberto Fujimori.Todo esto hace que nuestro país, no tenga una estabilidad institucional ni tampoco tenga una democracia madura y estable, que abrigue la esperanza de librarnos de la maldita corrupción que nos persigue por años.

Esta penosa realidad en la que nos han sumido, Toledo, Alan y Humala, por culpa de no haber sabido elegir bien, demuestra que nos falta cultura cívica y capacidad reflexiva y análisis, que nos permita diferenciar entre lo ideológico y lo moral. Esto nos ha llevado a un escenario riesgoso y complicado,en el que ya no se puede confiar en nadie.

Es imperativo, pues, cambiar esta nefasta situación para devolverle al país la Ética Política, que quede reflejada en nuevos personajes políticos, con vocación de servicio y catadura moral, desterrando la mala costumbre de votar por el “menos malo”, que al final es tan malo que termina fugado o en la cárcel.

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