Lima en la encrucijada

Plaza Mayor de Armas Lima Palacio de Gobierno

Lima cumplió 483 años de fundación hispana como capital peruana. Junto con El Cairo (Egipto), son dos ciudades ubicadas en pleno desierto.

La capital tiene menos de 5,000 hectáreas para regar y abastecer de alimentos a una ciudad de más de diez millones de habitantes, lo que la coloca en una situación difícil. Ni los valles del norte chico (Casma, Huaral, Pativilca, La Fortaleza, Huacho, Chancay, Supe) ni los del sur chico (Lurín, Chilca, Mala, Asia, Cañete) se dan abasto para alimentarla, pese a que son buenos suelos. Depende sobre todo de la sierra central, la que la abastece de lo principal para su supervivencia y en menor medida de la selva.

Si lo central es lograr la supervivencia de sus moradores, su destino no está asegurado, no solo por estar en un desierto sin agua sino porque los grandes bolsones de agua están lejanos. Tanto la Cuenca del Amazonas como la Cuenca del Altiplano, las principales reservas de agua del país, nos hacen ver que el fenómeno migratorio radicado en el litoral, es esquizofrénico y sin perspectiva. La población se ha asentado en una faja costera sin agua. No solo eso sino que Lima solo tiene salida por la Carretera Central, la que si se cerrase, pondría la ciudad en una situación límite.

Las advertencias de Sedapal sobre la probable reducción de agua potable en Lima y Callao por ausencia de lluvias en la sierra central, nos colocan ante un sempiterno problema. Ya no bastan que las aguas vengan de las alturas cordilleranas como otrora ya que el calentamiento global ha propendido al deshielo. El río Rímac, su principal abastecedor de agua, recibe con déficit suministro hídrico de las precipitaciones pluviales de las zonas alto andinas, del deshielo de glaciares, de represas (Yuracmayo, Huascacocha y Antacoto) y 16 lagunas embalsadas; su caudal actual, por el fenómeno de La Niña, está casi seco afectando la demanda de 10 millones de habitantes y obligando a usar depósitos de agua de acuíferos subterráneos cuyos volúmenes van en disminución.

Hay que considerar que más de 2.5 millones de pobladores carecen de agua en asentamientos humanos y un millón debe usar camiones cisternas a mayores costos que los que tienen acceso de red pública.

Lima, vista en perspectiva, puede colapsar si solo sigue las condiciones cíclicas y la inercia de dotación de agua y de lluvias en los andes. Incluso la contaminación del río Rímac es otro punto en contra.

Urge a las autoridades pensar en la capital dentro de un plan estratégico y no solo inmediato, un real Plan de Lima Metropolitana, que reubique cuencas, planifique trasvases, limpie y mejore los embalses y represas, organice el tratamiento de aguas residuales o construya plantas desalinizadoras entre otras medidas. Lo inmediatista ya no es solución sino está en lo estratégico la visión correcta.