Las falacias de Lampadia. Respuesta a Jaime de Althaus

Confecciones textiles obreros trabajadores

Cada cierto tiempo un sector de “liberalismo” peruano insiste con su visión ideologizada y elitista del problema del Trabajo. Desde diversos medios y plataformas digitales, sus voceros postulan –tercamente– propuestas carentes de sustento empírico; que esconden, además, intereses ajenos a los objetivos que públicamente reclaman. Es el caso de Jaime de Althaus y su columna reciente en el portal Lampadia (“Momento del acuerdo político para la reforma laboral”, 03/08/17).

¿Qué propone en concreto De Althaus? Que las fuerzas políticas en el Ejecutivo (PPK) y el Congreso (FP) avancen hacia un “acuerdo político” que apruebe la reforma laboral postulada por el Gobierno, y que las centrales sindicales denunciaron en el Consejo Nacional del Trabajo (CNTPE) y en las calles. Para el también columnista de El Comercio, el escenario ideal apuntaría una “regulación pro-empleo” (sic) que “permita que la mayor cantidad de peruanos pueda acceder a un empleo formal, con derechos y mejor pagado”.

En TrabajoDigno.pe consideramos que los planteos De Althaus no tienen asidero. Por un lado, otorgan un peso superlativo a la regulación laboral en la reducción de la informalidad y los bajos ingresos. Como si la capacidad de las unidades productivas para avanzar hacia la formalidad no dependiera también de otros factores –más importantes–, relacionados con los niveles de productividad y rentabilidad. Lo que no dice el columnista es el nulo apoyo del Estado a las Mypes. ¿Cuánto invierten los sectores competentes (Produce, Minagri y sobre todo el MTPE) para mejorar su capacidad productiva? ¿Para facilitarles el acceso al crédito, al desarrollo tecnológico y la capacitación? En suma, para perfeccionar su funcionamiento organizacional. Capacidades y recursos que requieren de un financiamiento que el MEF niega sistemáticamente.

De Althaus y los liberales criollos prefieren el camino fácil. El de la “competitividad espuria”. Aquella que opta por ajustar a los trabajadores, reduciendo sus derechos laborales y garantías procesales. Que los Estados capturados (F. Durand) usan como “estrategia” para atraer la inversión a través del “dumping social”.

Estado da la espalda a las Mypes y liberales criollos apuestan por ajustar más a los trabajadores.

Estado da la espalda a las Mypes y liberales criollos apuestan por ajustar más a los trabajadores.

Acá respondemos algunas de las falacias vertidas en Lampadia.

1. La inestabilidad sigue siendo el principal factor inhibidor de la sindicalización. Y no la “excluyente y rígida legislación laboral”, como pretende De Althaus. En países como el Perú, donde ¾ de los asalariados privados trabajan con contratos temporales, a plazo fijo, las posibilidades de afiliarse a un sindicato sin que te “cesen” son mínimas. La razón por la que el Tribunal Constitucional determinó el 2004 que la sola indemnización no protege al trabajador del despido arbitrario, respondió al cese colectivo que hiciera Telefónica contra 400 empleados que ejercieron su derecho a sindicalizarse.

Por el contrario, las empresas “disponen” de un amplio abanico de posibilidades de contratación a plazo determinado (9 de las 10 modalidades que contempla la legislación laboral para la actividad privada). Un nivel de flexibilidad que promueve la inestabilidad y la rotación de personal hasta el paroxismo.

2. Los famosos “altos costos laborales” no explican por si solos la informalidad. El 80% de informales labora en Micro y pequeñas empresas (Mypes), que cuentan con una legislación específica que establece “costos no salariales” (CTS, gratificaciones, etc.) equivalentes al 29% y 5% de la remuneración, respectivamente.

Sin embargo, esta normativa regresiva ha contribuido poco o nada a mejorar la tasa de formalidad en estos segmentos. Es más: el crecimiento del empleo formal durante el periodo del “boom” (2004–2012), se generó principalmente en las medianas y grandes empresas, donde rige el régimen la actividad privada con “sobrecostos” del 54%. Es decir.

3. El rotundo fracaso de los denominados regímenes “especiales” para promover el empleo adecuado. En el caso del Régimen de Promoción de las Exportaciones No Tradicionales, los cuestionamientos han llegado incluso del Departamento de Trabajo de los EEUU, al considerar que atenta contra los compromisos asumidos por el Perú en el marco del TLC con ese país; especialmente el de garantizar la libertad sindical (ver TrabajoDigno.pe).

Y con relación a la Ley de Promoción Agraria, bien haría De Althaus en revisar la tesis de maestría de la abogada Milagros Vivas (Análisis del Régimen Laboral Agrario: ¿Ha sido realmente eficaz?, PUCP, 2017). Entre sus principales conclusiones encontramos que “no existe evidencia empírica que permita sostener que una política (con componentes legislativos) basada en la rebaja del estándar de protección laboral haya logrado algún resultado positivo en el objetivo de la formalización del empleo”.

Pero además, a contracorriente de lo que propone De Althaus, Vivas concluye que “el crecimiento del empleo agrícola formal está vinculado principalmente al crecimiento de la economía, demanda interna y exportaciones agropecuarios no tradicionales, y no al régimen laboral agrario” (Pp. 86–94). Seguiremos.