La vida al borde del gol

Manuel Francisco dos Santos. Como a todo brasileño, se le conocía por su sobrenombre: ‘Garrincha’,

Son famosos y admirados. Los niños quieren ser como ellos. Escriben libros sobre sus vidas para un pueblo que los quiere e idolatra (a los que juegan excepcionalmente bien), y a algunos, hasta se los endiosa. Los futbolistas geniales son capaces de poner de pie a naciones enteras. Sin embargo, en muchos casos, no es solo su juego lo que nos maravilla, sino sus vidas fuera de las canchas. Y se les perdona todo. La impunidad de los dioses de carne, hueso y fútbol.

Garrincha con la famosa cantante Elsa Soarez con quien vivio 15 años. El alcohol se lo mató a los 49 años.

Garrincha con la famosa cantante Elsa Soarez con quien vivio 15 años. El alcohol se lo mató a los 49 años.

GARRINCHA, LA ALEGRÍA DEL PUEBLO
Su documento de identidad —cuando lo tenía, pues no era raro que lo empeñara— decía que se llamaba Manuel Francisco dos Santos. Como a todo brasileño, se le conocía por su sobrenombre: ‘Garrincha’, nombre de un ave fea y veloz. Aunque la gente que lo adoraba le decía Mané, o ‘la alegría del pueblo’.

Nació con una distrofia física: tenía la pierna derecha seis centímetros más larga que su par. Sin embargo, la otra, no la izquierda, sino la del medio, medía, según su biografía ‘Estrella solitaria. Un brasileño llamado Garrincha’ —escrita por el periodista Ruy Castro—, la enormidad de veinticinco centímetros. El dato fue corroborado por un juez cuando sus herederos demandaron al biógrafo. Será por eso que tuvo catorce hijos a lo largo y ancho del inmenso Brasil, país que lo idolatró en los mundiales de Suecia 58 y Chile 62… y luego lo olvidó.

Lo suyo era un endiablado pique corto, finta y gambeta. La pierna corta colaboraba con la larga para realizar esa maniobra extraña que lo hacía tan difícil de marcar. Con la misma velocidad que lucía en las canchas, consumió su vida: murió a los cuarenta y nueve años, destruido por el alcohol, las juergas —era un habitué del Carnaval de Río— y las mujeres (muchas se encargaron de vaciarle los bolsillos). Ya en la pobreza, en una entrevista le pidió dinero prestado a Pelé, con quien nunca se llevó bien. Y sin más, se fue tan rápido como su dribling.

Pelé ha dicho que si no fuera por Garrincha, no se hubiera convertido en tricampeón del mundo.

Pelé ha dicho que si no fuera por Garrincha, no se hubiera convertido en tricampeón del mundo.

 

George Best llenaba estadios y tenía al bello sexo a sus pies.

George Best llenaba estadios y tenía al bello sexo a sus pies.

EL IMPOSIBLE GEORGE BEST
A George Best, cuando ya pobre y enfermo por el alcoholismo, le preguntaron qué había hecho con la fortuna que ganó. El futbolista contestó: “Gasté mucho dinero en licores caros, autos veloces y mujeres hermosas. El resto lo derroché”. Así resumió su vida el chico de Belfast. Rebelde desde la infancia, en una Irlanda del Norte católica, sacaba ronchas a los mayores enarbolando símbolos protestantes. Su hígado, azotado por el alcohol, pidió cambio antes de que acabe el partido y le hicieron un trasplante en el 2001. Cuatro años después, su cuerpo herido por las drogas, acabó el partido pidiendo la hora.

Nunca jugó un Mundial; sin embargo, fue venerado en el Manchester United, equipo en el que se formó junto a Sir Bobby Charlton y Denis Law. Juntos formaron la llamada Santísima Trinidad del fútbol (a su lado, Suárez, Messi y Neymar son solo un trío de principiantes).

Se dice que vivió romances con 7 Miss Mundo pero él dijo que solo fueron 3.

Se dice que vivió romances con 7 Miss Mundo pero él dijo que solo fueron 3.

Muchos criticaban su vida, pero el mundo entero adobara su juego. Incluso las mujeres, quienes sucumbían ante sus ojos celestes, la picardía de su sonrisa y ese hoyuelo en la barbilla que le daba aires de niño bueno, llenaban estadios para ver al ‘Quinto Beatle’, apodo ganado por su estilo desaliñado. Se le adjudican entre sus laureles romances con siete Miss Mundo, pero él, caballero al fin y al cabo, solo reconoció tres. “No mueran como yo”, fue el último mensaje que escribió, antes de su fin, a los 59 años.

Paolo Rossi, goleador  M-1982

Paolo Rossi, goleador M-1982

LOS PECADOS DE PAOLO ROSSI
Nació con el estigma del gol. A los once años ya era delantero profesional. De esos hombres de área a los que no se les pasa una: pelota que le llegaba bien servida, pelota que inflaba las redes. Tampoco se le pasó una que le puso la mafia de apuestas, mientras jugaba en el Perugia (1980), luego de haber participado en el Mundial de Argentina 78, en lo que se conoció como el celebérrimo Caso Totonero. Aunque tenía mente ágil en el área, no pudo pensar con claridad y, según la policía italiana, aceptó “echarse” en algunos partidos arreglados por una mafia de apuestas clandestinas. Fue suspendido tres años del fútbol profesional, pero apeló y la sanción se le redujo a dos.

Se le creía acabado tras aquella para, pero el legendario técnico Enzo Bearzot lo convocó para el Mundial de España 82, pese al mar de críticas. Con un estado físico deplorable, le encajo tres goles al Brasil de Sócrates.

Aquel año el escándalo le tocó otra vez la puerta al atribuírsele una relación amorosa con un compañero de equipo de sugerente nombre, dado el caso: Antonio Cabrini. Sea por amor o por talento, igual salió campeón y lo premiaron como el ‘Mejor Jugador del Mundial’. En su biografía ‘He hecho llorar a Brasil’, narra que jamás cometió delito y presentó testigos alegando que se le acusó falsamente. Actualmente tiene un negocio inmobiliario, es comentarista deportivo, y a veces lo visita la nostalgia de la gloria.