La soledad del poder

No le va a salir fácil al presidente Pedro Pablo Kuczynski formar un nuevo gabinete, menos aún si pretende uno de reconciliación nacional. Ha trascendido que varios partidos consultados han rechazado incorporarse al gobierno. Se menciona entre esos renuentes a Alianza para el Progreso, Acción Popular, y Frente Amplio.

Ignoro si también ha tentado el terreno de Nuevo Perú. El voto de abstención de ese joven partido en el debate sobre la vacancia de PPK todavía encierra interrogantes y quizá claves para su táctica futura.

La revista Caretas, en su edición del 28 de diciembre, aporta, en textos diferentes, estos párrafos:

“En la argumentación del ministro de Defensa, Jorge Nieto, Kuczynski se mantuvo en el cargo tanto por 10 votos fujimoristas como por esos 10 de la bancada de Nuevo Perú”. (Página 17).

“Las votaciones se dieron pasadas las 11:15 p.m. Nuevo Perú marcó asistencia y, antes de votar, se retiró en bloque en medio del aplauso de la bancada oficialista”. (Página 21).

No se sabe si el Ejecutivo ha consultado a la extrema derecha. El PPC, cuya lideresa Lourdes Flores Nano es ahora una superestrella de los medios, aunque en las elecciones del 2016 enterró al PPC por su alianza con el Apra. Tampoco se sabe si han sido consultados el Apra y Renovación Nacional, dos partidos más desplomados que los puentes que Luis Castañeda mandó construir.

En el fondo, PPK encabeza esta marcha hacia la soledad del poder. Incluso si firmara un gran pacto con Fuerza Popular, su régimen estaría lejos de una reconciliación con el país. PPK estaría solo contra el pueblo, algo más: por efecto del indulto a Fujimori, solo contra el mundo.

La renuncia de Jorge Nieto, exministro de Defensa, por lo tardía, puede significar que se va porque algo negativo ha visto en los tratos que se cocinan para la conformación del nuevo Consejo de Ministros. La cosa huele mal.

No olvidemos que el gran culpable de la presente crisis política es PPK. Sus mentiras sobre negocios con Odebrecht que lo favorecían, sus silencios y su cinismo merecían la vacancia. Quienes lo salvaron con su voto o su abstención comparten una responsabilidad que crece. Por eso, le deben una explicación al Perú. No se requiere mea culpa o golpes en el pecho, sino autocrítica, reflexión severa.