La soga de la justicia

Alan García es experto en eludir la justicia. No se debe a su formación de doctor bamba en derecho, sino a la red que su partido maneja en el aparato judicial. Pero ahora está, junto con Alejandro Toledo y Ollanta Humala, con la soga al cuello. El 22 de diciembre, el fiscal superior Marcos Villalta declaró nula una resolución de primera instancia del fiscal José Castellanos, quien había archivado una denuncia contra García sin haber realizado siquiera investigaciones preliminares.

Castellanos tenía desde setiembre de 2015 la misión de decidir si el expresidente García y doce funcionarios de su entorno debían ser enjuiciados por la presunta comisión del delito de enriquecimiento ilícito y desbalance patrimonial. El proceso tenía como base el informe de la megacomisión del Congreso del periodo anterior.

Entre los funcionarios apristas que dicho informe cuestionó figuran exministros como Aurelio Pastor, José Antonio Chang –rector de la Universidad San Martín de Porres y socio de García en un negocio de libros que acaba de ser salvado de la quiebra–, Hernán Garrido Lecca y el exsecretario general del despacho presidencial Luis Nava, quien aparece coludido también en los negocios con Odebrecht. Miguel Facundo Chinguel, presidente de la Comisión de Indultos y Derecho de Gracia, aparece asimismo en la nómina de los enjuiciados.

La cadena de la buena suerte se rompió para García y los suyos cuando la Procuraduría de Lavado de Activos presentó una queja respecto a la resolución del fiscal Castellanos y solicitó que una instancia judicial superior decidiera si el caso debía ser archivado.

El fiscal superior Villalta coincidió con la Procuraduría y opinó que Castellanos había caído en un vicio procesal insalvable al archivar la investigación contra García sin realizar diligencias preliminares.

Esa celeridad en pro de la impunidad, típica del aprismo y sus leguleyos, está sometida a prueba. García se ampara en la injusticia del pasado. Acaba de expresar: “tres veces investigaron fiscales y Congreso mis ingresos sin hallar nada malo”. Qué iban a hallar, si eran de su partido. En ellos se cumplió el dicho: “No hay peor ciego que el que no quiere ver”.

Con García se da el caso de un político tradicional típico. No cree en principios. Su afán es el dinero. Además, es un masacrador instintivo. Triste destino del Perú, al haberlo tenido dos veces de presidente. Cuánto dinero y cuánta sangre ha costado al Perú.

Reacciones