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La ruta de Florencio

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Ahí estaba, solemne y orgulloso, con la mirada fija en la bandera mientras su brazo izquierdo se pegaba a su cuerpo y su mano derecha rozaba su frente en señal de respeto, saludo y admiración.

A Florencio Huarha lo encontramos cuando recorríamos la pampa de Quinua, en Ayacucho, lugar histórico donde sucedió la famosa Batalla de Ayacucho y que significó el selló de nuestra independencia.

Llegamos al lugar para hacer unas cuantas tomas, para que luego nos pudiera servir de imágenes de apoyo para el producto audiovisual de aquel día sobre el viaje que nos encontrábamos realizando y que habíamos denominado como “Ruta Sur” (habíamos decidido, como Movimiento Nuevo Perú, partir desde Lima hasta Cusco visitando distintas regiones en el camino, buscando conocer la realidad de cada región de primera mano, escuchar a su gente, la voz de cada uno de ellos).

Viajábamos cinco personas desde Lima: Verónika, Pepe, José, Carlos, Gabriela y yo, a lo que iban sumándose en el camino distintos compañeros de ruta. Y uno de los objetivos del paso por Ayacucho era ese: dialogar con un gremio de artesanos y conocer sobre la situación que atravesaban, siendo Quinua la cuna de la artesanía de Ayacucho y del Perú. Lamentablemente, el encuentro pactado no pudo darse y nos resignamos, entonces, a realizar solo tomas, hacer algunas fotos en la pampa, del obelisco de los héroes y en el mirador que se encontraba en lo más alto del obelisco.

Fue, entonces, (mientras cantábamos el himno y antes de que Verónika izara la bandera peruana hacia lo más alto del asta) cuando vi a Florencio y no pude evitar sacarle algunas fotos porque su rostro y su cuerpo trasmitían algo más que la propia letra de nuestro Himno Nacional.

Entonces, lo pude ver: ahí se encontraba Florencio Huarha, solemne y orgulloso, con la mirada fija en la bandera mientras su brazo izquierdo se pegaba a su cuerpo y su mano derecha rozaba su frente en señal de respeto, saludo y admiración. Lo vi en sus ojos. Para Florencio, aquello no era puro protocolo o algo que tenía que hacer obligado por su trabajo. No importaba si su uniforme no estaba adornado por galardones de honor y gloria, o que ni siquiera llevara los colores de nuestro ejército nacional. Su uniforme era el de un agente de seguridad, de un guachimán como los llaman incorrectamente en Lima, y eso no disminuía el orgullo que sentía cuando entonaba las letras de nuestro himno y veía ondear esa bandera roja y blanca.

Al terminar todo, le agradecí por las fotos en silencio, di media vuelta y comencé a alejarme de la pampa hacia el carro que nos había traído desde Huamanga. Cuando estaba a punto de subir, Gabriela se acerca y nos menciona que hay un artesano que quería conversar con nosotros, que nos había visto, que había visto a Verónika y que quería hablar sobre los problemas que tenían como gremio. Nos acercamos hacia él y sonreímos. Le dijimos que fuéramos a su taller para que podamos conversar tranquilamente y ver su trabajo. No lo pensó dos veces. Subió al carro y nos señaló el camino. Dejamos la pampa de Quinua como quien deja una parte de sí, como quien sabe que algo importante se ha quedado ahí, algo por lo que algún día ha de volver a aquel sitio inspirado por la voz que sale del corazón y que nos obliga a regresar a todos aquellos lugares donde hemos amado.

Llegamos al “Taller Artesanal Kallpa”, una placa anunciaba el nombre y la entrada era una puerta de madera que chirriaba cuando se abría. Adentro, un camino donde podíamos encontrar un par de perros, gallos y gallinas nos recibía. Al fondo, estaba el taller: dos cuartos pequeños donde podíamos ver sus trabajos, lo materiales utilizaba y un mural donde tenía fotos de su familia y de personas que recordaba con cariño y que habían marcado su vida. Y fue cuando nos comenzó a contar sobre su vida que me fui dando cuenta, una vez más, de que las cosas en este país no son como lo pinta los comerciales de la marca Perú, que hay un país que nos venden (ese país de unos cuantos) y otro que está escondido, como ese polvo que guardamos debajo de la alfombra, debajo de la cama, que nos avergüenza y que disimulamos cuando viene visita a la casa: Florencio comenzó a contar que trabajaba la artesanía desde niño, que igual lo hacía su mamá y su abuelo. Que antes exportaba, pero que desde cayó el mercado europeo bajó la producción y ya no exporta ni viaja a Lima para poder mostrar su trabajo.

Nos cuenta, también, que desde el año 99 tienen un sueño, un proyecto que les permitiría ser más competitivos y tener un espacio que les permita visibilizar el trabajo de los artesanos de Quinua. Que el proyecto costaba 5 millones, que el 2012 se comenzó a poner la primera piedra pero no se pudo culminar, que la infraestructura no tiene puertas ni ventanas, y que requiere la suma de 3 millones más para la implementación. “Aún estamos esperando pero ya no tenemos esperanza”, nos dice, que al ser un arte que se trasmite por tradición ellos quieren seguir manteniendo este legado pero que el apoyo no llega y yo siento en sus palabras la duda de si algún día llegará a concretarse ese proyecto.

Antes de despedirnos, me doy cuenta que todo este tiempo Florencio no ha estado llevando su uniforme de seguridad. Le pregunto, entonces, el motivo de esto, por qué si cuenta con este legado tiene que trabajar como seguridad cuando solo debería dedicarse a crear hermosas figuras que narran nuestra historia. Me responde, con una sombra de tristeza en su rostro, que cuando cayó el mercado europeo los intermediarios de la exportación eligieron trabajar solo con los artesanos ubicados en Lima y que eso lo obligó a buscar otra forma de ingreso que le permitiera sustentar a su familia. Apago la cámara. Siento, que en sus últimas palabras ha descrito la realidad de toda una nación que tiene que trabajar en algo más para lo que estudió o soñó cuando era pequeño. Florencio nos acompaña hasta la puerta y nos despide con una sonrisa, a pesar de todo. Veo sus ojos y comprendo que aún hay esperanza. Cierra la puerta y nosotros subimos al carro. El viaje continúa. Siento, en el fondo de mi corazón, que seguiremos encontrando más Florencios, que el Perú está lleno de ellos y que es nuestra tarea escucharlos y trasmitir su voz, sus sueños, sus miedos y esperanzas.

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Política

Nadie cree que AG sea un perseguido

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Allan Wagner - Julio María Sanguinetti

El panorama político se ensombrece para AG. La incertidumbre de las primeras horas que lo favorecía está dando paso a la toma de posiciones de personajes influyentes en el Perú en la política uruguaya, que no están en la línea de que exista persecución política en Perú.

MÁS DUDAS QUE CERTEZAS

El excanciller Allan Wagner, quien fue cercano colaborador de García en sus dos gobiernos, dijo que lamenta que el expresidente Alan García haya solicitado asilo diplomático en lugar de colaborar con la justicia, como lo venía haciendo.

“No existe persecución política en el Perú y es indispensable que todos colaboremos para investigar y sancionar la corrupción”, añadió quien fuera canciller en el primer gobierno de García y ministro de Defensa en su última administración.

Respecto a los comentarios que señalaban que él se encontraría en un dilema por haber combatido la corrupción desde la Asociación Civil Transparencia y varias comisiones, y haber sido ministro de Alan García, enfatizó: “No estoy en un dilema: mi opción indeclinable es por la defensa de la democracia y la lucha contra la corrupción”.

Por su parte, en una radio local Julio María Sanguinetti, expresidente de Uruguay que había alentado el asilo, fue claro respecto al pedido de asilo de AG a su país.

“El tema es que no se trata naturalmente de un encausamiento por un tema político sino un eventual delito común, lo cual no está cubierto con la figura del asilo. Así que lo que se tiene que demostrar aquí es que hay una persecución, eso es lo que se tiene que demostrar”, aseveró el exmandatario.

SILENCIO DE LA OEA

Pedro Cateriano, expresidente del Consejo de Ministros, fue enfático en señalar que el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, debería pronunciarse en torno al pedido de asilo político solicitado por García a Uruguay, porque los dos organismos internacionales no deberían guardar silencio.

“Creo que ha sido oportuno y adecuado el pronunciamiento del presidente Martín Vizcarra que, además, se hace dentro del contexto de la lucha contra la corrupción que es un compromiso de todos los países latinoamericanos. En ese sentido creo que organismos internacionales como la OEA no deberían guardar silencio”, aseveró.

Además, agregó: “La OEA, a través de su secretario general Luis Almagro, no debería guardar silencio, porque, además, dentro de la agenda de la OEA, un punto importante es la lucha contra la corrupción”.

URUGUAY MAL PARADO

Por su parte, el analista internacional Francisco Belaúnde, advirtió que si el gobierno del presidente uruguayo Tabaré Vázquez le concede el asilo político al exmandatario Alan García quedaría muy mal parado a nivel internacional, y que es absurdo que el exjefe de Estado argumente persecución política.

“No se puede decir, en ningún momento, que hay una interferencia por parte del gobierno respecto a la justicia. Hay que ver que, en la realidad, a lo largo de todos estos procesos que tienen que ver con Odebrecht y la corrupción no tiene que ver solo con Alan García, han estado en la cárcel Ollanta Humala, Keiko Fujimori está detenida, Susana Villarán está encausada”, resaltó.

Indicó que en realidad, es toda la clase política la que está implicada en este caso de corrupción, por eso no se puede hablar de persecución política, y es absurdo.

“La verdad es que si Uruguay le otorga el asilo a Alan García quedaría muy mal parado a nivel internacional. Además, en su momento Uruguay fue considerado una plataforma para el lavado de dinero, o sea hay varios aspectos que indican que Uruguay no quedaría bien parado y resentiría sus relaciones con el Perú”, añadió Belaunde.

ALGO MÁS

El exprocurador Julio Arbizu señaló que AG es una especie de Houdini de la política nacional, por ser el más eficaz escapista de la acción de la justicia.Añadió que es un sujeto que históricamente ha estado sometido a investigaciones y procesos, de los que se ha liberado no siempre por absoluciones ni por archivos, sino por contingencias y por el paso del tiempo.

 

YÁSSER GÓMEZ CARBAJAL

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Política

Parlamentarios oficialistas uruguayos dudan de AG

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Senadora Constanza Moreira.

Diversos legisladores del Frente Amplio de Uruguay coincidieron en señalar que dudan de la existencia de una ruptura institucional en Perú. Asimismo, manifestaron que su canciller debe tomar una decisión de acuerdo a la información entregada por el Ejecutivo peruano.

Ruben Martínez Huelmo, senador del Movimiento de Participación Popular (MPP), parte del FA, destacó la necesidad de esperar que el gobierno uruguayo reciba un informe por parte del gobierno de Martín Vizcarra sobre la situación de García.

Asimismo, indicó que, a partir de la información judicial aportada por Perú, Uruguay deberá definir si existe una persecución o si se pretende eludir el proceso judicial.

DUDAS

Martínez Huelmo también consideró que no da la impresión de que exista una ruptura institucional en Perú. En ese sentido, afirmó que para que haya una persecución tiene que estar muy bien probada.

Juan Castillo, senador del Partido Comunista, también integrante del FA, advirtió que “por los pocos datos que hay, no estamos hablando de un caso de persecución política, no parece ser un tema de derechos humanos ni parece ser de vida o muerte”.

Además, destacó que las “apreciaciones primarias indican que García está sujeto a un proceso por corrupción” y consideró que “no se puede estar diluyendo la figura del asilo político, que se tiene que prestar en algunas instancias y no parece esta una de ellas”.

Por su parte, Constanza Moreira, senadora del Frente Amplio, se pronunció mediante la cuenta de su red social Twitter: “Confiamos en que la Cancillería de nuestro país actuará atendiendo la preocupación de las organizaciones de Derechos Humanos que se han pronunciado sobre el caso” y que en el Perú rechazan el asilo.

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Política

“Vine, vi, huí”

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Alan García Pérez

Alan García ha sido insistente y reiterativo en reclamar, proclamar y presumir su inocencia en el caso Lava Jato. “Otros se venden, yo no”, ha sido el hashtag, lema y mantra en sus campañas, desde el twitter hasta el Congreso. Y con la misma actitud, si acaso más beligerante, llegó hace pocos días al Perú a declarar ante el equipo fiscal dirigido por José Domingo Pérez Gómez que investiga gran parte de este caso.

Gustavo Gorriti

Gustavo Gorriti, director de IDL-Reporteros (Foto: Ronald Martínez Pancevic).

El jueves 15 de este mes, García declaró: “Dice el señor Nostre, pero Barata me dijo que hiciera una anotación de veinte millones, entonces dicen, veinte millones menos ocho que le dieron al viceministro, los otros deben ser de Alan García… ¡demuéstrenlo, pues, imbéciles, demuéstrenlo!”.

Él no lo sabía aún, pero en esas horas, IDL-Reporteros acababa de publicar una nota que cambió en forma sustantiva el curso de la investigación: Poco antes de las diez de la mañana y luego de las larguísimas horas de los cierres de real importancia, en los cuales, sin que importe cuánto trabajo se haya hecho antes, todo se chequea y verifica de nuevo, IDL-R publicó “Alan García y la Caja 2”.

Si el expresidente desafió a que se presentaran pruebas si las había, ahí tuvo todas las necesarias y bastante más.

Hasta ese momento, Alan García había sostenido que él no había recibido dinero de Odebrecht y que todos los ingresos que tuvo, incluso la conferencia del 25 de mayo de 2012 en Sao Paulo, por la que le pagaron cien mil dólares, provinieron de hombres de negocios e industriales representados por un agente intermediario. En ese caso, el estudio de abogacía Spinola.

La nota de IDL-R demostró que García había mentido.

Fue Odebrecht quien pagó la conferencia. Y lo hizo a través de su Caja 2, utilizada primordialmente para el pago de coimas. El abogado Spinola trabajaba para el sector de operaciones estructuradas y, en este caso, hizo de testaferro a cambio de un honorario de 15 mil dólares.

La investigación de IDL-R no solo aportó los correos electrónicos en los que se decide hacer el pago clandestino para disfrazar la fuente de origen y se define y ejecuta luego el procedimiento para hacerlo.

Se aportó además la identidad de los funcionarios de Caja 2 que intervinieron en el proceso, a través de sus propias confesiones, especialmente la del propio Spinola que luego de cuatro años confesó en detalle sus trabajos clandestinos para Odebrecht. En esas confesiones, registradas en vídeo, que IDL-R obtuvo hace meses como parte de la red Latinoamericana de Periodismo de Investigación Estructurado que esta publicación fundó, Spinola dio a conocer los seudónimos que él y otros utilizaron en el sistema encriptado Drousys, donde aparece como uno de los que discutieron cómo pagarle los 100 mil dólares a García en forma que pareciera un pago de otro origen.

Ante eso, Alan García no tuvo otro remedio que reconocer la fuente del pago. Lo hizo el sábado 17, en su última declaración a la prensa. Pero se justificó en la ignorancia, en no saber quién le pagaba y ni siquiera qué era la Caja 2 (él la llamó ‘la Caja B’).

Pero cuando lo dijo, sabía que la excusa era más que endeble. Porque la nota de IDL-R dejó claro que él participó en la operación de ocultamiento.

La conferencia se realizó el 25 de mayo de 2012. Los primeros mensajes cifrados de Caja 2 para disfrazar el pago fueron el 14 de junio siguiente. Hasta entonces Spinola no había intervenido para nada. Sin embargo, el contrato que recibió primero en borrador y que luego fue firmado por Alan García tuvo como fecha el 5 de abril. El recibo por el pago estuvo fechado el 24 de mayo. El pago se realizó solo en julio. En el proceso intervinieron funcionarios de Odebrecht que transmitieron los datos bancarios de García, le llevaron el contrato y recibo con fechas atrasadas para que lo firmara y después contactaron a Spinola y otros funcionarios para que realizaran el pago.

Fue imposible que García no se diera cuenta del juego de fechas, de la adaptación de documentos, del nuevo nombre del agente con el que nunca había hablado. Por poco inteligente que fuera, y no lo es, estaba claro que se trataba de disfrazar una transacción. Y él fue parte del proceso.

En esas horas, la decisión fue tomada. Es posible que haya estado presente la idea del asilo como plan de contingencia de último recurso. Pero, cuando el sábado 17, el juez le impuso impedimento de salida por 18 meses, García reaccionó con aparente calma. “Para mí no es un castigo ni un deshonor estar permanentemente en mi patria…”, dijo poco antes de fugar.

¿Por qué huyó, sabiendo el efecto de demolición que la fuga significaba para su imagen, liderazgo y prestigio?

Porque lo que publicó IDL-R representó la primera y decisiva brecha en su estrategia de negar toda responsabilidad en el caso Lava Jato. Ya había un caso, claro, demostrado, contundente y procesable.

En las investigaciones y los procesos, el primer gran hallazgo es lo importante. Luego vienen los demás. Había confesiones pendientes, sobre las cuales él ahora tenía ya una profunda y justificada inseguridad. Había colaboraciones eficaces en curso, delaciones premiadas también. La hora de la verdad se acercaba. Y a esas alturas, viendo los correos electrónicos del sistema Drousys de Odebrecht, que lo nombraban, García entendió que los 18 meses en Perú se iban a extender mucho más, en juicios y revelaciones, probables sentencias.

Por eso escapó. No de una dictadura, como pudo reclamar antaño, sino de una democracia por una vez funcional que avanzaba a descubrir, procesar y castigar delitos de corrupción.

En los años de la guerra fría cuando la ciudad de Berlín estaba dividida entre dos sistemas, se decía que los ciudadanos de Berlín Oriental, que no podían votar, proclamaban su preferencia votando con los pies. Es decir, huyendo a Berlín Occidental. En Lima, el 2018, Alan García no votó sino confesó con los pies.

García hace poco escribió que “como aprista, creo en la historia”, por más que la historia no sea materia de fe sino de estudio. Quizá la notable brevedad de su visita al Perú remita, por contraste, a los clásicos. Según Suetonio, Julio César resumió en tres palabras su informe al Senado sobre una batalla victoriosa en el año 47 A.C. “Vine, vi, vencí”. En el caso que vemos, las palabras pueden ser tres también: “Vine, vi, huí”.

Claro que su ejemplo no fue el de Julio César sino el de Bettino Craxi. En la historia, al fin, cada cual escoge sus maestros.

 

Gustavo Gorriti
IDL-Reporteros

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