La peor de las crisis

Cuando una sociedad no distingue entre el bien y el mal, y su liderazgo político, social y económico puede caer en debates espurios, donde lo bueno y lo malo queda sujeto al parecer de los que detentan el poder y lo imponen a través de la prensa, ha caído en la más profunda y peor de las crisis sociales: la moral.

Cuando la ciencia y el desarrollo del conocimiento humano basado en ella no importan, sino los postulados de grupos que pretenden imponer a las mayorías poblacionales del mundo, un nuevo orden mundial que quiebra sus principios y valores, y los gobiernos lo permiten o lo promueven, hemos tocado el fondo de un pozo cenagoso de barbarie moral.

Cuando la prensa en lugar de ser el fiel de la balanza, comprometida con los derechos ciudadanos a la expresión y a la información basada en la verdad, se presta al desprestigio de la legítima protesta ciudadana, a la ridiculización de millones de padres de familia angustiados por la integridad de sus hijos, vendida al modelo de la globalización y a su perversa ideología de género que impone, hemos perdido la más valiosa protección de la democracia y hemos quedado expuestos a la arbitrariedad y al abuso.

Hemos visto en estos días el despliegue de una campaña de desprestigio en diversos medios de prensa, dirigida a desacreditar a las organizaciones civiles que se han levantado a exigir al gobierno la vuelta a la cordura moral en la gestión de la educación de 10 millones de niños.

Frente al silencio del Presidente y la reiterada burla de las autoridades del MINEDU, solo ha habido por respuesta extensos artículos y notas periodísticas plagadas de mentiras, calumnias y los más rebuscados y falsos argumentos de difamación de los líderes de estas organizaciones.

Desde falsa imputación de lavado de activos, enriquecimiento ilícito, manipulación de masas con fines políticos propios y a favor de terceros, invención de amenazas de muerte, etc., hemos visto con estupor, cómo gran parte del periodismo nacional ha caído, otra vez, en los métodos fuji-montesinistas, para desacreditar a los oponentes, y cómo el gobierno se está comportando de la misma forma: manipulación política del sistema de justicia con fabricación de procesos penales contra los opositores, amenazas a padres con denuncias y corrupción de la prensa con fondos del Estado.

¡Qué frágil la membrana de la democracia, cuando intereses ocultos sustentan un gobierno!

Para colmo, ni siquiera imaginan el desastroso efecto que tendrá para ellos mismos atentar contra la dignidad de personas íntegras, consagradas a un meritorio servicio social y que son la reserva moral de nuestra nación; fatal desconocimiento de los efectos auto-destructivos de la conducta perversa del hombre.

Reacciones