La palabra iluminada

Raúl Wiener

Una de las cosas que más me conmovió de la larga despedida de mi hermano Raúl fueron las expresiones de reconocimiento y afecto de cientos y miles de personas de a pie, de todo el país, anónimas y desconocidas en su gran mayoría para la familia y allegados.

Siendo alguien que si bien había militado durante largos años en la izquierda, nunca había estado en la cabeza visible de los principales partidos, ni figurado en el Congreso u ostentado un cargo público, resultaba llamativa esta recordación espontanea que se hizo mayor y aluvional luego de su partida, aquel aciago sábado 5 de septiembre del 2015.

Esta experiencia me ha permitido entender el valor y proyección no del periodismo en teoría sino del periodista en verdad, el ser humano que se faja ante sus lectores por decirles la verdad, aunque esta sea incómoda, duela o le cause problemas.

Raúl Wiener

CON VOCACIÓN VORAZ  POR LA NOTICIA
Porque Raúl fue un periodista de raza, de esos que cada vez quedan menos, con vocación voraz por la noticia (especialmente política) y el comentario crítico y agudo para desnudar a los poderosos, señalando sin miedo las purulencias del sistema, es decir a los corruptos, autoritarios y aprovechados de siempre, adictos al poder para manejarlo solo en función de sus intereses; pero al mismo tiempo preocupado también por el quehacer de la gente de pueblo, el trabajador explotado, la ama de casa luchando por llegar a fin de mes, el campesino arrojado de sus tierras, el maestro ninguneado y calumniado por el Estado; es decir, los olvidados, los condenados de la tierra como diría Frantz Fanon. Como le confesó a su hija Gabriela en una sus últimas entrevistas, la militancia y el periodismo marcaron su vida, con más incidencia de la primera en un inicio y de la segunda después, pero nunca antagónicas, más bien complementarias.

Su gran mérito estuvo en que no solo fue un gran reportero de su época y los obscuros enredos de la política nacional e internacional, así como denunciante implacable de los abusos e inequidades, sino que al igual que José Carlos Mariátegui y otros que hicieron su oficio en la pluma periodística, supo transmitirla de modo llano, en lenguaje claro y directo, tan cercano a su creciente legión de lectores. Y es que Raúl siempre estuvo alejado de todo academicísimo. Es cierto que estudió algunos ciclos de periodismo en San Marcos, como también de Economía y de Ingeniería Civil en la UNI, pero no culminó ninguna carrera por las urgencias políticas de su tiempo, cuando se creía que la revolución estaba a la vuelta de la esquina y era algo burgués preocuparse por tener un título y grados universitarios.

LA VIDA, LA MILITANCIA
Por eso en gran medida fue un autodidacto, cuya escuela fue la vida, la militancia, así como los cientos de libros y publicaciones, que devoraba incesantemente porque un periodista siempre de estar actualizado, tal cual repetía casi hasta el último día de vida.

El periodista además debe ser valiente, y no temer enfrentarse al poder, y eso lo demostró con creces en su trayectoria, con interminables juicios, amenazas y el ostracismo con que los poderosos y sus amigos mediáticos trataron inútilmente de ignorarlo o ningunearlo de su círculo de influencias. Pero esas denuncias debían estar siempre acompañadas de sustento, con datos, cifras y testimonios, lo que le obligaban a investigar al detalle y confrontar fuentes para respaldar sus informes, lo que hizo siempre en su carrera, en especial cuando dirigía la unidad de investigación de LA PRIMERA (después DIARIO UNO). Nada de quedarse en chismes, en alguien me dijo o escuche por ahí, como ciertos columnistas insustanciales de la DBA.

Como se extraña su palabra en estos días de confusión, en que la derecha atropella en todo el continente y se enseñorea sin tapujos en nuestro país, pero donde la gente no baja la guardia y la reivindicación de los derechos y las conquistas sociales básicas siguen a la orden del día.

Por eso la gente lo recuerda tanto y con tanto afecto, reclamándole todavía por el Facebook que vuelva a escribir, que les diga que hay que hacer frente a lo que pasa y no hay claridad. Es el poder de la palabra iluminada, esa que siempre tuvo Raúl en sus escritos. Por eso, urge que pronto estos muchos textos e investigaciones publicados en diarios y revistas, e incluso internet, puedan reunirse en nuevos libros, para honrar su memoria y apreciar su legado periodístico de compromiso y coraje.