La noche que dio a luz un mundo

El acorazado “Aurora” dio la salva para la revolución. Fue a las 8 de la noche del 7 de noviembre de 1917. En realidad, en la noche del 6 y la aurora del 7, las instituciones civiles y militares habían sido conquistadas por obreros, campesinos y soldados. Con las consignas de “paz, pan y tierra”, Lenin dirigió la revolución que había previsto para un país de 150 millones de habitantes, con atraso feudal pero grandes focos proletarios.

El siguiente es el texto del prólogo que escribí para Historia de la Revolución Rusa de León Trotsky editada en Lima por Sinco Editores. Dejo constancia de que su presentación en la Casa Museo de Mariátegui fue un verdadero acto de masas, con cuatro salas repletas y público hasta en la calle. El alto número de ejemplares vendidos esa noche fue insólito.

En la media noche y la aurora del 7 de noviembre de hace casi cien años, una multitud de obreros, campesinos y soldados llevó a cabo, bajo la dirección del genio revolucionario de Lenin, la revolución más radical, más impetuosa y ejemplar –ejemplar hasta hoy– que haya visto el mundo.

El libro que ahora presentamos fue valorado por Jorge Basadre, en sus Conversaciones con Pablo Macera, en estos términos: “ese libro que a mí me parece uno de los más grandes libros del siglo XX que se llama Historia de la Revolución Rusa.”

Aparte del valor intrínseco de este libro como crónica minuciosa y reflexión teórica, en sus páginas palpita, a la luz de documentos, memorias, diarios de campaña, un hecho vital: el respeto que Lenin tenía por las bases, al punto que en vísperas de la revolución declaraba que las masas estaban más a la izquierda que el partido bolchevique. Debo precisar que esas masas, en especial el partido por él creado, habían sido educadas por el propio Lenin, en incansables trabajos sobre la teoría y la historia del socialismo. Los 60 mil obreros de la fábrica Putilov que se convirtieron en fuerza motriz de la revolución y que habían recibido lecciones del gran dirigente, en esa noche del destino del 7 de noviembre de 1917 serían templados para convertirse en generales del ejército rojo organizado por Trotsky, y en ministros, diplomáticos e ideólogos del poder soviético.

Un testimonio sobre ese hecho que abrió una época en la historia de la humanidad, lo ofrece en el siguiente texto Víctor Raúl Haya de la Torre, quien había vivido meses en la Rusia soviética. El texto fue redactado en 1925 e incluido en el libro Ex combatientes y desocupados publicado por la Editorial Ercilla de Chile en 1935.

“Hasta hoy la Revolución Rusa ha sido vista en América con lentes extranjeros. Me refiero especialmente al orden político y a la interpretación de su internacionalidad. Desde una posición mental alemana, o inglesa, o francesa, resultaremos ajenos al fenómeno. Desde una posesión mental netamente americana, encontraremos su significación para América. El valor universal de la Revolución Rusa es indudable. Evidentemente que si consideramos para cualquier país de nuestra América el punto de vista de los países europeos, no lo hallaremos nunca. Leyendo las apreciaciones o las tácticas de aplicación del criterio revolucionario italiano o suizo, nos sentiremos muy lejos de la revolución italiana o suiza, nos sentiremos muy lejanos de la Revolución Rusa como posibilidad internacional desplazable a nuestra América. Nos parecerá una revolución hecha solo para Rusia. Así se dice, muy especialmente entre nosotros, porque no se ha intentado en siete años estudiar el fenómeno integralmente, ni sus posibles relaciones y diferencias con la situación de América.

“He aquí un grato punto para extenderse. Pero estas líneas, que son solo mi saludo a la “Revista de Oriente”, están obviamente limitadas. Yo espero que la “Revista de Oriente” no caerá en el extranjerismo en cuanto a los puntos de vista hacia el hecho de la Revolución Rusa, su repercusión y su indiscutible valor internacional. Porque para la eficacia de la obra revolucionaria en América Latina necesitamos mirar, estudiar y conocer el mundo y sus problemas desde y para nuestra realidad. Y una de la mejores enseñanzas de la Revolución Rusa nos la da el leninismo, que es, sin duda, fundamentalmente la aplicación de las teorías internacionales de Marx a la realidad del ambiente ruso.”

Jorge Basadre, entonces un niño, escribe en La vida y la historia: “En 1917, a los 14 años, no tuve una idea exacta del gran acontecimiento que entonces cambió el curso del mundo.”

Los diarios y revistas del Perú no podían esclarecer el hecho. Difundían más bien las torpes calumnias difundidas por la prensa mundial: el poder soviético estaba a punto de ser derrocado por los guardias blancos; los soviéticos mataban a los niños y hasta se los comían.

Los anarquistas peruanos, que habían conducido la lucha por la jornada de ocho horas de trabajo y que dirigían el movimiento obrero peruano escribieron en su periódico La Protesta, en marzo de 1919: “El clamor de los pueblos europeos en rebelión, el huracán revolucionario del bolcheviquismo, atraviesa los mares y viene a este continente, sacudiendo el letargo de los trabajadores.”