La memoria, el violinista y el censor

Antigua cárcel de Oviedo, España.

El director del Museo de la Memoria Histórica del Perú (LUM) acaba de ser despedido o “renunciado”. Se le acusa de haber permitido una exposición pictórica “sesgada” para el lado de las víctimas durante la guerra interna que vivimos entre 1980 y el 2000. Eso es doloroso y pusilánime. Equivale a transformar los campos de concentración de Alemania en campos de diversiones para que no continúen sesgados del lado de sus víctimas.

Hace algunos años, en España, conseguí recaudar algunas cartas escritas por un prisionero de la cárcel de Oviedo durante los días del franquismo. La publico porque creo que la memoria histórica es lo único que puede salvarnos en cualquier país de la bestialidad fascista.

Cárcel de Oviedo, 14 de abril de 1944

Inolvidable María de la Paz:

Con esta, ya te he escrito unas cuarenta cartas, y no sé si las has recibido. Es probable que estés fuera de España, o tal vez muerta. También podrías estar presa como yo, e intentando comunicarte conmigo, ya que no por cartas, a través de los sueños donde hay más posibilidad de que nos encontremos.

El primer año de mi prisión te escribí cada mes. Algunas cartas las envié al correo central de Madrid. Otras las entregué a compañeros de celda que iban a ser liberados. Ninguno volvió ni siquiera a visitarme.

Repito que soy Francisco Llamas, natural de Oviedo y violinista. Tengo 36 años y fui apresado en 1939, cuando los nacionales entraron en Madrid. Seis meses antes, tú, María de la Paz (Méndez Quevedo) habías salido hacia Valencia con tus padres. Te fuiste porque yo te lo pedí y exigí. Te aseguré que nos reuniríamos cuando terminara la guerra y que no volveríamos a separarnos.

A mí me trajeron a la cárcel de Oviedo y, hasta el día de hoy, no sé de qué exactamente me acusan porque no han llegado a juzgarme. El primer año me interrogaron varias veces por el hecho de que la Sinfónica se quedara en Madrid durante todos los años de la guerra, y dijeron que eso significaba colaboración con los republicanos. Pero ya han pasado cinco años, y hasta ahora no me han juzgado ni siquiera por ese delito. En todo caso, con estas letras, ya sabes mi paradero.

A las personas que lean esta carta y traten de encontrarte, les doy las gracias por anticipado, y también al padre Pascual Núñez quien me animó a escribirte cuando ya había perdido toda la fe. Me ha dicho él que hablará con algunas personas de su parroquia, y que les implorará ayuda. Esa palabra ha empleado: implorará, imagínate. Además, dice que hay otros sacerdotes dispuestos a hacer esto por nosotros. En vista de que ya han transcurrido cinco años desde el fin de la guerra, cree él que las pasiones han amainado y que todo el mundo nos ayudará a encontrarnos.

La verdad es que si no hubiera sido por él, no te habría vuelto a escribir. Después de un año en la cárcel y de tanto escribir en vano, pensé que tu destino era otro. No estabas ni presa ni muerta, ni viviendo en el extranjero. Sencillamente, habías encontrado un hombre con quien rehacer tu vida. Pero si no es así, contéstame cuanto antes.

A los señores encargados de la censura, les ruego leer mis letras y tachar lo que consideren inconveniente.

La esperanza de encontrarte, inolvidable María de la Paz, es lo único que me hace despertar cada mañana. Ya he sufrido más de lo que se puede sufrir. Te ama

Francisco
Nota del censor: Leída y aprobada. Señorita María de la Paz: Si esta carta llega a usted, le recomiendo contestarla. No sé cómo habrá sido antes Paco Llamas, ni qué lo llevó a meterse en el bando de los rojos, pero es un buen hombre. En todo el tiempo que le conocemos, no nos ha dado motivos para considerarlo de otra forma.- (Fdo. El censor: Arsenio). 