La democracia amenazada

La actitud irresponsable y nada cívica de un viejo partido que se resiste a aceptar que va camino al ocaso por los errores o delitos de sus líderes –la historia lo dirá- está poniendo en riesgo de desprestigio al proceso electoral, y con ello a los cimientos de la democracia, cuya solidez se basa en el ejercicio libre del sufragio que, pese a las imperfecciones del sistema electoral, que debemos corregir, tiene que respetarse.

Un destacado analista, en una columna que publicamos en esta edición, señala lo que en el mundo político y periodístico se considera un hecho, la influencia de ese viejo partido en el sistema de justicia y en particular en los organismos electorales, que le permiten realizar acciones encubiertas e intrigas que están desestabilizando el proceso encaminado a los comicios del 10 de abril.

Podrían explicarse así las marchas y contramarchas, contradicciones y dilaciones de los organismos jurisdiccionales electorales, que mantienen en vilo a la ciudadanía, al extremo de que los electores no saben a ciencia cierta quiénes serán candidatos presidenciales y parlamentarios, habida cuenta que decenas de listas de aspirantes a congresistas están eliminadas o en suspenso.

Sin entrar a discutir los casos específicos de irregularidades y complejidades jurídicas y políticas, es difícil que todos estos problemas se produzcan sin que haya una mano oculta que los esté promoviendo, acaso porque poderes que se mueven tras el viejo partido y tras el fujimorismo, que ha comenzado a declinar, quieren alterar el proceso y adecuarlo a sus intereses, problemas y ambiciones.

La ciudadanía debe estar alerta frente a este irresponsable juego, ante la posibilidad de que quienes ven que no tienen ninguna oportunidad por el merecido repudio ciudadano o quienes temen perder el favoritismo en las encuestas, se atrevan a echar abajo el proceso.

No sería extraño que aquellos que tanto daño le han hecho a la democracia y tantas veces la han utilizado para sus torvos fines, reincidan en ese empeño ante el empuje de opciones de cambio y renovación política, económica y social, principalmente aquella que plantea cambios al desgastado modelo económico que en casi un cuarto de siglo no ha podido resolver los problemas de la desigualdad ni hacer que el Perú avance hacia el desarrollo integral.

Deben saber los conspiradores y sus cómplices mediáticos que pueden estar jugando con fuego y que mejor les irá si respetan la voluntad popular y dejan de pretender escamotearla o manipularla con acciones desestabilizadoras condenables.