La crisis de la Copa

Puede ser jocoso que la mejor participación de la Copa Libertadores el 2018 peruana sea la de Universitario de Deportes que fue el primer eliminado. En el papel, Melgar por lo menos podía superar a un rival y pelear con otro la posibilidad de ir a la fase de grupos. Pero en la práctica no fue capaz de superar a un equipo de la Segunda División chilena y eso que tenía la ayuda geográfica de la altura.

Real Garcilaso también la tendrá, pero por lo visto ante Boys el sábado pasado el cuadro cusqueño está verde y por los rivales que tendrá como Santos de Brasil, Estudiantes de la Plata y posiblemente Nacional de Uruguay ya ni me atrevería en decir que obtendrá victorias de local.

Lo de Alianza Lima es más dramático. Sus dirigentes al darse cuenta que deportivamente puede ser el hazmerreír del grupo enfocaron bien la condición de local en el primer partido de la Copa ante Boca Juniors y jugará en el Estadio Nacional donde esperan recaudar 5 millones de soles por los precios excesivos de las entradas.

Frente a Palmeiras de local volverán a Matute porque saben que ya pueden estar eliminados a esa altura de la Copa (penúltima fecha) y lo más probable es que vayan pocos hinchas.

El panorama es desalentador. Nada ha cambiado en los equipos peruanos por más que la selección clasificara al mundial. Seguimos siendo un dulce para cualquier equipo del continente.

Lo peor es que escucho declarar a Blancucchi, el volante mistiano dice “Hay que voltear la página y concéntrarnos en el torneo local que esto recién empieza”.

Me pregunto para qué los equipos peruanos se matan entre ellos para clasificar a la Copa y luego dar papelones. Por eso suelo ser crítico con los últimos campeones del fútbol peruano, pero los hinchas no lo entienden y se enojan.