La Constitución, “los malditos peajes” y la tragedia del Serpentín de Pasamayo

Accidente de tránsito en carretera Serpentín de Pasamayo bus cae a abismo

El Estado Constitucional Democrático de Derecho plantea a la sociedad del presente y a la sociedad del futuro, dos exigencias que se constituyen en los pilares de una nueva sociedad (sobre la base del ser constitucional y la sociedad constitucional): La Constitución Democrática y la Sociedad Democrática.

En primer lugar, la Constitución Democrática será el resultado de una convocatoria a una Asamblea Constituyente, a fin de que la Constitución Formal y Material constitucionalicen los Derechos Fundamentales, los ideales y las esperanzas de un mundo mejor; y, en segundo lugar, la Sociedad Democrática es porque la democracia constituye con excelsitud, un superior sistema de gobierno y de vida.

Por estos fundamentos, las políticas gubernamentales, entre ellas la Política Tributaria en cuanto instrumento de Política Económica, tiene que respetar, cumplir y acatar los Principios Tributarios Constitucionales tales como: Que los tributos no tengan la calidad de confiscatorios y el principio de Igualdad y de respeto a los Derechos Fundamentales de la Persona, tal como lo determina el Artículo 74° del texto Constitucional de 1993.

En esta línea de ideas los contratos –peajes– devienen irremediablemente en inconstitucionales; en los hechos, los funcionarios neoliberales desde las instituciones gubernamentales, sin ningún respeto a la dignidad humana “asaltan a los peruanos”, dejan sin alimentos a los conductores de los microbuses y sus familias, a los empleados del sector público y privado, y en general a todo aquel que vía impuestos contribuyó al paso del tiempo para la construcción de las vías de comunicación a nivel nacional, y nos cobran hoy por las carreteras y pistas que los peruanos construyeron desde los inicios de la República.

Este hecho es injusto, arbitrario, abusivo y cruel, porque no obstante la desastrosa conducción económica desde 1990, se agrava con estos cobros indebidos. Es más, los “Peajes Infames” transgreden el libre tránsito que constituye un derecho fundamental, tal como está regulado en el inciso 11 del Artículo 2° de la Constitución Fujimorista de 1993, que regula el derecho a transitar libremente por el territorio nacional, consecuentemente los peajes han infringido la Constitución en la forma y en el fondo, razones por las cuales adolecen de nulidad insalvable, pues el extremo de la perversidad neoliberal llega al punto que se han enajenado bienes de dominio público; habiéndose extremado los grados de corrupción incalificable, para muestra un botón: solamente en el 2016 y 2017 la concesionaria NORVIAL del “Serpentín de Pasamayo” recaudó más de 200 millones de soles con la secuela de muertes y sangre humana en las pistas, no obstante que los contratos establecen la colocación de infraestructura de seguridad en las carreteras, por consiguiente se ha determinado el fin jurídico de estos mal llamados contratos de concesión.

Está acreditado que los “Peajes Infames” tienen un efecto confiscatorio que determina también el empobrecimiento masivo de los peruanos, pero además constituye una barrera burocrática injusta dirigida por los funcionarios neoliberales en beneficio de los neoliberales privados; pero eso no es todo, los “Peajes Infames” no solamente empobrecen y tienen efectos confiscatorios sino que merced a la deficiente administración en los garitas de cobro generan congestión vehicular agravando las dificultades del tránsito, ocasionando consumo descontrolado de combustible, pérdida de tiempo valioso para llegar con oportunidad al trabajo generando estrés y otras enfermedades, además perjudican gravemente el medio ambiente, la contaminación ambiental, se agrava no solo por la deficiencia en las garitas de cobro sino que también no significan ningún alivio para el parque automotor, sino que muy por el contrario además de ser “Asalto despiadado”, los peajes son cobrados sin que se brinde un servicio eficaz y eficiente, además de ser permanentemente incrementados teniendo solamente el visto bueno de los funcionarios corruptos que los otorgaron y quienes en calidad de “Capataces modernos” controlan el pago. En suma, los peruanos con estos peajes pagamos por un servicio que no recibimos, pero que si sirve para enriquecer a la corrupción. Es más, el cobro de estos “Peajes Infames” y por un servicio que no se recibe en las carreteras del interior del país, sea al norte o al sur del país o a cualquiera de las direcciones de nuestro territorio el cobro se hace por adelantado, sin interesarle a la corrupción, si el consumidor regresará o no, el cobro es efectivo, hecho por demás censurable pero que explica la ineptitud y el compromiso de los gobernantes tradicionales, con la corrupción.

¿HASTA CUÁNDO?
El Serpentín de la muerte

En este contexto, los peruanos y peruanas con estupor tomamos conocimiento de la tragedia del “Serpentín de Pasamayo” por la indolencia de quienes ocupan las instituciones gubernamentales, a quienes no les interesa ni les importa el dolor humano, puesto que con indignación contenida hemos soportado al Ministro de Transportes y Comunicaciones defender públicamente a los responsables de ésta tragedia, es decir, asume la defensa de NORVIAL y hemos observado la indiferencia de un Presidente que en jolgorio y alegremente asiste a inauguraciones y se “Olvidó de la tragedia de los fallecidos y sus familias, así como del luto de todo el pueblo peruano”.

Por estos fundamentos es necesario “Cambiar el Derecho para Cambiar la Vida”, considerando que la línea teórica del bien común se sustenta en el “Humanismo como Doctrina” cuya esencia será el Estado Constitucional Democrático de Derecho.