La comedia inhumana

El Perú es el país de las paradojas, cuando no de la farsa. Justo en estos días en que Lima es sede de la 18 Reunión Regional Americana de la Organización Internacional del Trabajo (OIT); justo en estos días un grupo de organizaciones empresariales ha aprovechado para lanzar un proyecto que busca, dice, combatir la informalidad laboral… rebajando niveles salariales y de condiciones de trabajo a los niveles de la informalidad.

Para eliminar la informalidad, según los proponentes, hay que pasar a una formalidad que significa flexibilización en los métodos de contratación, reducción del salario mínimo, disminución de gratificaciones y hasta cambios en la Ley de Seguridad y Salud en el Trabajo (la propuesta no lo dice explícitamente, pero podría significar que no hay por qué preocuparse de que los obreros se enfermen en las minas por falta de equipo de seguridad, o que los de construcción civil mueran por igual sinrazón).

Tan retrógrado es el proyecto, que Guy Ryder, director general de la OIT, ha declarado al conocer aquel: “No creo que la competitividad y la productividad de un país pasen por la reducción de salarios ni de las condiciones de trabajo”.

Días atrás, nuestro diario publicó una declaración de distinguidos economistas, especialistas, incluidos exministros de Trabajo, en defensa de los derechos de los trabajadores y trabajadoras. Uno de sus puntos esclarecedores expresa que es falso que el aumento del salario mínimo incremente la informalidad laboral.

“Por el contrario”, recuerda, “en el periodo 2005-2013, en el cual la remuneración mínima se elevó en 5 oportunidades, la tasa de informalidad laboral en el sector empresarial privado se redujo en 11,4 puntos porcentuales (pasando de 68,8% a 57,4% a nivel nacional) y el porcentaje de trabajadores que perciben remuneraciones inferiores a la mínima disminuyó en 12,1 puntos porcentuales (pasando de 46,2% a 34,1%). Adicionalmente, un aumento en la remuneración mínima generaría un mayor consumo interno, lo que implicaría mayor producción local y mayor contratación personal”.

Hubiera sido apropiado que los empresarios antilaborales precisasen lo que piensan sobre la jornada de ocho horas, conquistada con el paro impetuoso de enero de 1919, y suprimida por los gobernantes peruanos a partir de Fujimori.

Quizá no lo sepan, pero la primera resolución de la OIT, recién creada, al terminar la primera guerra mundial, llamó a establecer ese horario en todo el mundo. Eso fue en 1919. Meses antes, los trabajadores peruanos ya habían logrado ese derecho. ◘