La bandera de Francisco

El papa Francisco

Hace unos días, cuando Mariano Rajoy, presidente del gobierno español, visitaba la Casa Blanca, lo hicieron sentarse para la foto oficial junto al presidente Trump. Tras de cada uno de ellos tenía que estar la bandera que representaba. La que pusieron detrás del gobernante de España era la bandera de… México.

No suena extraño en un país donde un buen porcentaje de la población cree que todos los que hablamos español procedemos del país azteca y que Buenos Aires, Madrid, Lima, Quito y las otras ciudades hispanoparlantes se encuentran en el mapa de México.

Sin embargo, en el Perú, tampoco tenemos de qué asombrarnos. Los asesores que preparan la futura visita papal parece que no están enterados de quién es Francisco.

Por ejemplo, ya van dos semanas de discusiones acerca de dónde oficiará la misa el obispo de Roma. Tal vez deberían preguntarse antes si se va a sentir gratamente recibido en un aeropuerto donde durante 18 días ha sido rechazada, denigrada y vilipendiada una mujer indefensa que llegaba como embajadora de un país muy pobre. ¿De veras creen que el Papa no está enterado?… La noticia ha estado en los televisores del mundo durante más de dos semanas.

De hecho, los saharauis no son desconocidos para el Papa como sí lo son para los asesores del presidente peruano. Si bien no existen en el plano formal, las relaciones entre el Vaticano y la República Saharaui se han expresado en diferentes ocasiones. Se dieron en las expresiones de la Santa Sede durante el tiempo Benedicto XVI.

Por su parte, en el año 2000 el Papa Juan Pablo II recibió una delegación de niños saharauis de vacaciones en Italia y rezó por la llegada de la paz al Sahara Occidental. En otra homilía, se lamentó de que doscientas mil personas vivieran exiliadas en medio de un inhóspito desierto sufriendo persecución y violencia en sus tierras invadidas.

En el Perú de nuestros días, los asesores de la imagen presidencial preparan a la opinión pública para el indulto de Alberto Fujimori con un aprovechamiento desvergonzado de la próxima visita papal. Philip Butters, quien ha pasado a ser vocero semioficial del entendimiento entre PPK y el fujimorismo, ha pronosticado que esa medida será dada con ocasión de la llegada de Francisco. Lo que no está seguro es si ello ocurrirá un día antes de su llegada o un día después de su retorno.

Aducen los defensores gubernamentales del indulto que esta medida -prohibida por las leyes internacionales y condenada por la conciencia del mundo libre- propiciará la paz en el Perú.

¿De qué paz están hablando? Tal vez se refieran al contubernio que anuncian con taimado cinismo los asesores de la señora Aráoz.

Según informa La República: “Fuentes de Peruanos Por el Kambio informaron que cualquier decisión respecto del posible indulto a favor de Alberto Fujimori será solo después de que el gabinete Mercedes Aráoz haya obtenido el voto de confianza del Congreso.”

La supuesta paz a cambio del perdón del genocida es por completo incoherente con las expresiones y actos de un gobierno que trata de mostrarse feroz con los presos y los rendidos a cambio de conseguir una sonrisa de la señora Fujimori.

Como lo he dicho hace poco, en el Perú la guerra interna no terminará nunca mientras no se saquen las armas de la política o mientras no se sepa que es imposible lavarse las manos en un lavabo colmado de sangre.

En nuestro país no hay todavía un presidente como Santos que pida perdón y reconozca que hubo dos terrorismos, y uno de ellos fue el del Estado que -durante la guerra- erigió la barbarie como su manual de operaciones. Ese fue el terrorismo que lideró Fujimori.

A los asesores que preparan el recibimiento del papa Francisco les haría bien releer los discursos que el hombre de paz pronunció recientemente en Colombia. Allí las palabras que más utilizo fueron: perdón, dolor, testimonio, víctimas, muerte, violencia, odio, verdad, heridas, venganza, Cristo y amor.

A los asesores les conviene primero saber quién es Francisco. No se les vaya a ocurrir poner tras de él una bandera que no le corresponde.

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