La almohada de Jorge Eduardo

Catedral de Santiago de Compostela donde reposan los restos del apóstol Santiago, una joya histórica europea.

Nada más ver la almohada, caí exhausto y dejé caer sobre ella diez días de caminata, varios meses de recuerdos asturianos y una nostalgia permanente que es mi manera de vivir en este mundo.

Jorge Eduardo Benavides no es solamente un gran escritor peruano afincado en Madrid. Es también algo que muy pocos autores tienen la generosidad de ser, un incitador que conduce y anima a adentrarse y perseverar en los azarosos caminos de la creación literaria.

Hace pocos años lo invité a impartir un taller de escritura creativa a un centenar de mis alumnos provenientes de California, Oregón, Washington y Alaska. A pesar del problema que acarreaba el idioma materno de los estudiantes, los resultados fueron óptimos.

Aparte de que los jóvenes norteamericanos escribieron en español algunos relatos de calidad, varios acaban de producir en su idioma algunas novelas de verdad interesantes. Todos ellos dicen que, sin duda, las orientaciones y hasta los trucos que les enseñó Benavides fueron determinantes en su trabajo..

Por mi parte, quisiera añadir que autor de, entre otras, El año que rompí contigo, Un asunto sentimental, Un millón de soles y El enigma del convento (mi novela favorita), tiene en su casa, como instrumento de incitación creativa, un almohadón mágico cuyos poderes yo mismo he experimentado. Voy a contarles el asunto:

En el 2013, era yo –como lo había sido en otras ocasiones- catedrático visitante de la Universidad de Oviedo y había aceptado serlo tanto por el honor de trabajar en una de las casas de estudio más antiguas de Europa como por el hecho de que Asturias es una de las etapas del viejo camino de Santiago cuya etapa final varias veces he seguido.

De acuerdo con la tradición, Santiago es el apóstol de ese nombre cuya misión era evangelizar España. Cumplida su tarea, regresó a Judea, pero fue asesinado. En un viaje fantástico y tan solo empujada por el viento, la nave solitaria que conducía sus restos bordearía la península hasta llegar a Compostela.

Millones de hombres desde toda Europa han caminado hacia Santiago de Compostela en una tradición que tiene 1200 años.

El día que yo visitaba a Jorge Eduardo había terminado mis clases y regresaba de mi peregrinaje de Compostela. Había llegado a Madrid desde Galicia y me sentía algo cansado. Como en otras ocasiones, la bondad de mi amigo hizo que me quedara en su casa un par de noches antes de tomar el avión de regreso a Estados Unidos.

Después de cenar y apenas llegado a su casa, mis anfitriones me ofrecieron un sillón transformable y pusieron sobre él una almohada parecida a cualquier almohada, pero que no lo era. Sostengo que era una almohada mágica.

Nada más verla, caí exhausto y dejé caer sobre ella diez días de caminata, varios meses de recuerdos asturianos y una nostalgia permanente que es mi manera de vivir en este mundo.

En mis sueños, caminé por la noche casi tanto como el tiempo que había durado mi peregrinaje. Sin embargo, al llegar a la catedral y saludar al Apóstol, descubro que me faltan mis zapatos y que, sin ellos, no podré salir de Galicia.

“Ni siquiera de la catedral podrás salir”, escucho una voz que puede ser la de Santiago o la de Maestro Mateo, el legendario constructor de aquella iglesia. El sueño me dice que estoy condenado a seguir descalzo ese camino hasta encontrar lo que busco.

Debo de haber despertado gritando y llamando a mis zapatos. Era ya de día y mi generoso amigo estaba allí enfrente listo para salir al trabajo.

“No te preocupes, tus zapatos están allí”- dijo señalando el otro extremo de la sala. Y añadió: “A lo mejor es una almohada con poderes y lo que está tratando es de darte una buena historia.”

Me explicó que quizás los poderes de la almohada se habían aliado con los conjuros de Compostela para obligarme a escribir una novela.

Lo confieso ahora: Jorge Eduardo Benavides es culpable de haberme incitado a escribir “El camino de Santiago”, una novela inédita con la que hace poco quedé finalista en el Premio Planeta de Novela 2016.

En ella, se me entreveraron los sueños y junté la idea de la larga caminata de Compostela con el temible camino de los inmigrantes latinos a los Estados Unidos…y lo estoy recordando el día en que Trump ocupa la Casa Blanca. JEB nos dará sueños y magia suficientes para resistirlo.