La alianza gobierno-empresarios en el centro de la crisis

Todavía la “oposición” y sus llamados “opinólogos”, no se han puesto de acuerdo en las críticas principales al discurso del año final del presidente Humala. El primer día las observaciones eran que se había querido pintar un país de las maravillas, sin autocrítica y cargado de números, para aparentar una gran obra. Los días siguientes se dijo que se usó la información técnica para evadir los temas políticos, o al revés que le faltó nivel técnico, etc.

Por supuesto, Ollanta se para mal para hablar ante el público, es monótono y la única gracia de este mensaje es que los puntos se ordenaron por sectores. Y que minimizó la seguridad ciudadana, la corrupción y la reactivación económica. Pero, ¿y eso qué es?, ¿otra vez el cosito al que Nadine no deja pensar?, ¿el Presidente mediocre que avergüenza a la gente culta? El gobierno que ha llegado a su cuarto año, no podía ser salvado por nada que ofreciera en último discurso, y mucho menos podía intentar algún giro tratando de mover a las masas.

Eso fue lo que pasó con el Salario Mínimo, que el gobierno manoseó los días anteriores haciéndolo pensar como un gesto hacia los trabajadores y los sindicatos. Pero ya se sabe, Humala dejó el tema en el aire y Cateriano pudo cumplir días después con dar la voz de los empresarios que es la que importa: no hubo ni habrá aumento. En realidad en lo que había que fijarse del discurso es cómo se sostiene la alianza empresarial-gubernamental, y cuál es su futuro. De hecho eso de la confianza de que hablaba el empleado de El Comercio y los Graña, Roberto Abusada, es un reclamo para que el gobierno siguiera entregando terreno al poder económico.

Pero ideas para salir del estancamiento y mover la economía en alguna dirección, cero sobre cero. ¿Por qué la “oposición” no habla de esto y discute alguna forma de buscar la luz al final del túnel? Permítanme resumir lo que voy diciendo: la alianza con la inversión que se instaló a través de Castilla y Velarde, ya no da más. Pero los tecnócratas y empresarios lo mantienen como discurso de subordinación. La cosa es que Humala le promete al país doce meses más de este fracaso y la “oposición” tampoco quiere ir por este debate. En los siguientes cinco años estos temas reaparecerán a cada paso.

Y, claro, la derecha dice que ahí no está el secreto, sino en las cuentas, tarjetas y compras de Nadine, que cuando sepamos de su origen podremos empezar a hacer un país diferente. Por cierto nadie se ha lanzado a la piscina sobre estos temas que nos han conmocionado durante tantos meses, por no aparecer más ridículo que Humala. Como expliqué en mi artículo del mismo 28 de julio, Había mal que bien una maniobra en el mensaje: ignorar las acusaciones, oponerles muchísimas obras y gastos, y mover portátiles con nuevos discursos. Puede ser un plan tono, pero peor es quedarse callado.

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