La alegría que se queda

Rosemarie entregó su vida en la educación de niños discapatcitados.

Una pionera se va. Rosemarie Stemmler Sholl, se ha ido, pero queda la obra. En la madrugada del pasado sábado 19 de agosto, a los noventaidós años dejó de existir una de las pioneras de la educación y la rehabilitación para niños y jóvenes con discapacidad en el Perú.

Rosemarie, alemana, fundadora del colegio “La Alegría en el Señor”, para niños y adolescentes con discapacidad, ubicado actualmente en el distrito de La Molina, ha sido la inspiradora y la promotora de varias historias de superación.

Llegó al Perú en compañía de su madre, con diez años de edad en 1935. Realizó estudios de educación en la Pontificia Universidad Católica y, terminada la II Guerra Mundial, regresó a Alemania para cursar estudios de especialización en educación y rehabilitación de niños. En 1953 retornó al Perú y alentada por monseñor Fidel Tubino fundó en 1954 el colegio “La alegría en el Señor”, el cual funcionó en una casona adaptada ubicada en el distrito de Miraflores.

Falleció a los 92 años, no tuvo hijos pero consagró su vida a los niños.

Falleció a los 92 años, no tuvo hijos pero consagró su vida a los niños.

En sus inicios, el colegio brindó atención tanto educativa como de rehabilitación a niños y adolescentes con distintos tipos de discapacidades. Eran paquetes de servicios educativos, terapéuticos y médicos.

Siembra y cosecha. Educar y rehabilitar niños con discapacidad con la expectativa de promoverlos a ciudadanos plenos es aún hoy, en el siglo XXI, un reto que implica primero rescatar a todo un entorno de la desesperanza, y redirigir las apuestas hacia un futuro de realización personal para el adulto con discapacidad.

Rosemarie no tuvo hijos propios, y su compromiso con la transformación de los destinos trascendió lo profesional involucrándose muy personalmente con los planes de vida de muchos de sus estudiantes. Por ese motivo su familia es enorme y diversa. Destacan entre sus hijos el artista visual con discapacidad Félix Espinoza, quien sujetando los pinceles con la boca ha creado contextos muy singulares en sus lienzos.

“Me considero un afortunado hijo espiritual de Rosemarie”, dijo Luis Miguel Del Águila (promoción 1972), persona con discapacidad física, asesor de la Comisión de Inclusión Social y personas con discapacidad del Congreso de la República. Fundador de la asociación de exalumnos.

“Yendo por el camino de La Molina, y pasando unos 500 metros la Universidad Agraria, se encuentra un edificio de dos plantas, rodeado de jardines.”, indicó Manuel Martínez Rosas, persona con discapacidad física, periodista (CPP 2593)

Es una de las pioneras de la educacion a niños especiales en el Perú.

Es una de las pioneras de la educacion a niños especiales en el Perú.

EL COLEGIO
Una locación de casi 7 mil metros cuadrados, con un área construida aproximada de dos mil metros, fue un proyecto para el cual Rosemarie emprendió entre los 70 y los 80 una conquista de voluntades.

Entre los que de alguna manera compartieron el anhelo, pueden distinguirse grupos como el Club de Leones de Lima, el empresario Mauricio Hochschild, el Patronato de rehabilitación y el reconocido arquitecto también alemán residente en Perú, Paul Linder.

Aquí cabe señalar que mientras las instalaciones del colegio la Alegría en el Señor cumplen con los estándares mínimos de accesibilidad para que estudiantes con movilidad restringida usen todos los espacios, la Encuesta Nacional en Discapacidad ENEDIS reporta altos niveles de insatisfacción en relación a la accesibilidad y la calidad de los centros educativos. Alrededor del 50% de las instituciones educativas no contaría con servicios higiénicos accesibles, ascensores adecuados, rampas de acceso, barandas de seguridad y carteles de información.

Rosemarie en los años 80.

Rosemarie en los años 80.

En el caso de los PRITE Programa de Intervención Temprana, la ENEDIS señala que apenas el 4.9% de la población de 0 a 3 años de edad con discapacidad es atendida por el PRITE.

Cincuenta promociones. Al cierre de esta nota, lamentamos que para el caso de Rosemarie Stemmler, se repita la misma característica de ausencia de información procesada que ha ocurrido con las historias de los demás pioneros.

Queda como inmediato deber para aquellos que se reconocen impactados por el trabajo y la trayectoria de Rosemarie, la elaboración de una versión ordenada y documentada de esa historia que colectivamente les pertenece.

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