Keiko, la eterna perdedora

El personaje político más deprimido con el resultado a favor de Pedro Pablo Kuczynski es sin duda Keiko Fujimori. Su proyecto de vacar al presidente y derribar magistrados de la Fiscalía de la Nación, en el Tribunal Constitucional y piezas claves del Poder Judicial se ha venido abajo. Traducido al lenguaje de la realidad, esto significa peligro de cárcel para ella y su cómplice Joaquín Ramírez.

La versión judicial de la entrevista de Marcelo Odebrecht con fiscales peruanos en la cual confirma haber entregado aporte millonario a la campaña electoral de la señora Fujimori está ya en la Fiscalía, en Lima. Esto indica que ella ha mentido al país en ese respecto. Si PPK calló sobre un negocio de su empresa con Odebrecht, el ocultamiento de la excandidata abarca mucho más dinero y una coima descarada. Esa es la catadura de la jefa de un partido que dice luchar contra la corrupción.

Se supone que Jorge Barata, exjefe de la empresa Odebrecht en el Perú, confirmará lo declarado por el dueño de la empresa respecto al dinero entregado a Fuerza Popular.

Si Barata confirma, como es previsible, lo declarado por Odebrecht, las puertas de la cárcel estarán abiertas para Keiko. Su caso es muy difícil. Y se va a ventilar en una atmósfera pública que le es adversa. La derrota y hasta la escisión de su partido, con portavoces o líderes que se han hundido en el descrédito y hasta el ridículo, no la ayudan.

Alguna vez declaré que si a muchos periodistas jóvenes les das a leer un Condorito les provocas un surmenage. Supongo que la congresista Yeni Vilcatoma lee esa revista, y padece los efectos… Menos mal que ha pedido disculpas a los ofendidos chilenos; pero, finalmente, su discurso provocó más risas que cualquier chiste de la revista.

Igualmente divertido resultó Héctor Becerril, al declarar que el grupo de Kenji Fujimori “si es gente decente debe renunciar al partido”. Lo cual equivale a decir que si no es gente decente debe quedarse en Fuerza Popular.

El Apra ofreció un show melodramático. Mauricio Mulder exhibió en su riña con Jorge del Castillo lo mejor de su repertorio bufalesco, la esencia de su alianza visceral con el fujimorismo. Mulder encarna los escombros de un partido que alguna vez fue el más poderoso del Perú.