Indignados y rabiosos

Comandante Ernesto 'Che' Guevara de la Serna

El legado del Che y el frente simbólico-cultural.

Desde el momento en que el sargento del Ejército Boliviano Mario Terán le dispara, el Comandante Ernesto Guevara de la Serna se convierte en la leyenda del Che Guevara, el carismático guerrillero. De inmediato quedaron atrás el joven médico argentino, el amigo de Fidel, el camarada Che, el padre, el esposo, el ministro de Hacienda de Cuba, el guerrillero de verdad, el diplomático y el asma. Una bala apagó su pecho, pero lo lanzó ipso facto a la inmortalidad inspirando a muchos movimientos revolucionarios en el mundo. Aquel 9 de octubre de 1967 en Bolivia, el Che se “viralizó”.

ÍCONO DE LA REVOLUCIÓN
Más allá de los análisis semióticos es interesante ver el derrotero de la imagen del Che. Freddy Alborta es quien fotografía el cadáver del Che y circula la noticia por el mundo con esta imagen “crística” del guerrillero, los ojos semiabiertos, un rictus que parece una sonrisa, descalzo y con el torso descubierto. Parecía un Cristo bajado de la cruz.

Poco tiempo después y como si de una resurrección se tratara, aparece en una revista europea la célebre y poderosa imagen del Che que tomara el fotógrafo cubano Alberto Korda gracias al editor italiano Giangiacomo Feltrinelli, quien publica esta fotografía a modo de póster vendiendo más de dos millones de copias.

Al año siguiente el ilustrador irlandés Jim Fitzpatrick interviene la fotografía de Korda y convierte al Che en la imagen más reproducida del siglo XX. Al poco tiempo Andy Warhol tomará esa imagen y la convertirá en arte pop. En adelante, el Che estará presente en todo el mundo.

En esta etapa el Che aparece en revistas, libros documentales, películas, libros, siempre presente en los debates y su figura está asociada aún a conceptos como “foquismo, hombre nuevo, imperialismo y revolución”. El impacto de su muerte dejó un selló en dos generaciones de artistas en el mundo; mientras la cultura popular de América Latina estaba ubicada a la izquierda surgieron un sinfín de obras que encontraban en el Che una fuente de profunda inspiración. Se escribe mucha poesía sobre él y muchas publicaciones biográficas abundan hasta hoy. El Che siempre ha sido una veta editorial inagotable.

Se compusieron canciones en su honor, se rodaron películas y hasta muchos líderes de opinión usaron su imagen para pronunciarse contra el establishment. Desde el célebre himno que compusiera el cubano Carlos Puebla, hasta “Fusil contra Fusil” de Silvio Rodríguez, la influencia del Che es notoria en los artistas cubanos. El propio Diego Armando Maradona tiene tatuada una imagen del Che. Muchas calles en el mundo exhiben murales con el Che; en manifestaciones de protesta, conciertos y hasta en el fútbol podemos ver el rostro del Che recorriendo el planeta.

Y no podía ser de otra forma, hincha del Rosario Central, el Che solía jugar fútbol en el puesto de arquero. Fan de Alfredo Di Stefano a quien llegó a conocer antes de ser el famoso guerrillero. Hoy su imagen acompaña a casi todos los equipos del mundo.

También se volvió un santo. Mucho de santuario tiene la enorme edificación en Santa Clara (Cuba) donde reposan sus restos y miles de peregrinos de izquierda lo visitan desde todos los rincones del planeta. En Bolivia lo conocen como San Ernesto de La Higuera y hay peregrinaciones por la ruta del Che en Bolivia.

Che fue ícono revolucionario dos veces, primero, de la Revolución Cubana, Latinoamericana y mundial. Icono de las izquierdas del mundo. Y después, con la revolución neoliberal (o contra-revolución) a partir de los 70´s, el Che es convertido en ícono de la moda posmoderna, en un producto de la era posindustrial, en decoración y artículo de consumo. El neoliberalismo abre un sofisticado frente de batalla simbólico-cultural para neutralizar la opción revolucionaria, y en ese campo, el Che como símbolo del cambio social es neutralizado. La eliminación de la empatía y del respeto por ciertos valores dejó el campo abierto para ridiculizar todo, para burlarse del Che y quitarle el aura sagrada que obtuvo gracias a su ejecución. El advenimiento del cinismo neoliberal con toda su frivolidad es, a la vez, el retroceso de la mística revolucionaria, la transformación social es sustituida por el afán de “vivir bien”, de encajar en el nuevo orden.

Hoy el Che es también personajes de cómics, novelas gráficas y un sinfín de artículos comerciales. Pero ¿dónde quedó su pensamiento? ¿Es posible aún llevarlo a cabo?

CÍNICA SEDUCCIÓN
Muchos señalan aterrados a aquel espíritu que caracteriza nuestra época y que ha convertido a la ética en un artículo decorativo. El Cinismo se ha diseminado por todo el mundo y ha engrandado un nuevo tipo de sofisticada corrupción global; en el campo de las mentalidades se expresa como fatalismo y resignación. Frases como “todos tienen un precio”, “roba, pero hace obras”, “todos son iguales, nada va a cambiar”, “Yo también quiero la mía”, etc. Expresan un quiebre histórico, un desmantelamiento ideológico, cívico y cultural de todo aquello que se avanzó desde la Revolución Francesa.

Racionalidad cínica le dice el filósofo alemán Peter Sloterdijk, adiáfora lo nombró Zigmunt Bauman y Karl Marx desde sus “Manuscritos Económico-Filosóficos de 1844” ya anunciaba cómo el capitalismo destruiría todo lo sagrado para el trabajador, hasta el gran Marshall Berman con su “Todo lo sólido se desvanece en el aire” señala los escombros culturales y éticos que dejaría la radicalización de la modernidad capitalista o posmodernidad, como quieran llamarlo.

La batalla cultural en las últimas décadas la ganó el capitalismo neoliberal. Desde el momento en que la anticuchera de la esquina se asume como una “emprendedora” y no como una trabajadora auto-empleada y explotada por el sistema, desde el momento en que los pobres votan masivamente por el fujimorismo, es que algo se quebró ideológicamente y las izquierdas no lo han advertido, y si lo han hecho, no han sabido reaccionar frente a eso.

Son décadas de sedimentación de una cultura que ha normalizado los antivalores del egoísmo individualista que es base moral del neoliberalismo. Una cultura que le rinde culto al mercado y que no ve otro camino que el de consumir compulsivamente, una cultura sistemáticamente acicateada desde los medios de comunicación y las industrias del entretenimiento, que han logrado que los “héroes” y paradigmas de hoy sean narcotraficantes, putas y sicarios. Nos enfrentamos hoy a las consecuencias de aquello, a la pérdida de aquella “glándula” -vamos a decirle así- que secreta la hormona de la indignación, aquella cualidad empática de la que hablaba Che Guevara, esa “capacidad de sentir como propio el dolor de cualquier ser humano, en cualquier parte del mundo”, esa cualidad con la que contaba el Che para gatillar la acción política y revolucionaria, está inhibida.

Entonces, si el Che regresara como por arte de magia a ver nuestra realidad dudo que tuviera como prioridad participar en un nostálgico homenaje al Che, en donde cada vez hay menos jóvenes. Estaría pensando en cómo recuperar ese puente empático y ético con la gente, en asumir el desafío cultural y comunicativo desde los problemas concretos de la gente y no desde una vanguardia iluminada. Quizás volvería en su vieja moto a recorrer América para entender mejor a un pueblo cada vez más cerca de los valores que disemina el “reaguetón” que de los que animó la Revolución Cubana.

Porque en el frente cultural, simbólico y comunicativo el Che ha sido encarcelado como estampado de polo, como artículo de consumo, como inofensivo grafiti y hasta como material de bestseller. Mucho se dice y se escribe del Che a partir de estos 50 años de su ejecución, pero pocos recuerdan cuál fue el combustible que lo llevó a la acción. En los “Diarios de motocicleta”, en su correspondencia con otros camaradas de América y en los testimonios de aquellos que lo conocieron en su etapa formativa (en donde el Perú tiene mucho que ver) se vislumbra cómo va forjando una ética revolucionaria a partir de conocer de primera mano el dolor humano en los países que visitaba, una constatación in situ de las peores injusticias, de la postergación de pueblos a través de los siglos.

LA DIGNIDAD DOS VECES
El papel central de la indignación en su ética revolucionaria lo llevará a formular su idea del “hombre nuevo”, un tipo de ser humano radicalmente solidario, coherente, libre y con una conciencia de la búsqueda de felicidad global (internacionalismo). Y la base de la indignación es la empatía, la capacidad de sentir lo que siente el Otro. Esa cualidad cuando se radicaliza convierte a las personas en sujetos doblemente dignos, re-dignificados, Indignados.

El desafío de pensar un guevarismo para el siglo XXI se hace urgente en este frente ético, simbólico y cultural. Porque el neoliberalismo ha sido hábil en su tarea de “esconder” el sufrimiento y las injusticias, a través del filtro de los medios de comunicación y las redes sociales vemos una “realidad” que nos impide in-dignarnos y que nos ha acostumbrado mansamente a la injusticia y arbitrariedad a escalas nunca antes vistas en el mundo.

Debemos traer de vuelta al Che más indignado que nunca, es decir, hiper-digno, a forjar la tarea de reconstruir la cultura de la solidaridad, del internacionalismo, de la empatía revolucionaria y de la coherencia. A dar la batalla simbólica y cultural recordando por qué un joven médico asmático de clase media se convirtió en un guerrillero. A 50 años de su sacrificio, el gran aporte del Che no es precisamente el de haber sido un soldado, esa fue la consecuencia de haber construido una ética de la solidaridad que forjaba mujeres y hombres dispuestos a dar la propia vida por cualquier pueblo, por cualquier nación que lo necesitara. Y hasta hoy, ese sigue siendo el grado más alto al que ha llegado el ser humano.

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