Homenaje a don Miguel Grau

Arca Continental-Lindley co

Cada ocho de octubre recordamos, conmemoramos, rendimos homenaje a Don Miguel Grau Seminario, y a sus oficiales, suboficiales, y marinos que se inmolaron en Angamos en defensa de la soberanía e integridad de nuestro país, frente a la superioridad de la armada chilena, que se preparó con tiempo suficiente para declarar la guerra a sus vecinos Bolivia y Perú, por el acceso a dos recursos considerados estratégicos en ese entonces: el guano y salitre.

El salitre natural abundante en los desiertos de Atacama (Bolivia) y Tarapacá (Perú), resultaba ser la materia prima de la cual se obtenía la pólvora necesaria en la artillería y en los explosivos, y era también un fertilizante natural al igual que el guano, rico en nitrógeno, urea, sales y minerales varios indispensables para reponer la capacidad productiva de la tierra.

Mientras Chile quebrado financieramente a inicios de 1870 ordenaba en astilleros ingleses la construcción de dos modernos blindados el “Blanco Encalada”, y el ”Cochrane”, nuestro monitor “Huáscar” era ya considerado obsoleto desde el punto de vista militar, y ello se mostró en las limitaciones marineras de dichos buques que fueron utilizados en la Guerra Civil de los Estados Unidos.

Desde el punto de vista tecnológico la misma concepción del monitor como buque de guerra era ya obsoleta en 1879. Es más, el “Huáscar” construido en los astilleros ingleses en 1864, poseía un peso de 1,100 toneladas, con una potencia de 300 caballos de fuerza y una armadura de cuatro pulgadas, que fue concebido como un modelo de prueba en la Guerra Civil Norteamericana. Es decir, era inferior en calidad, movilidad y potencia a las fragatas blindadas y a los acorazados chilenos como el “Blanco Encalada” y “Cochrane” que se caracterizaron por su mayor peso superior a las 3,650 toneladas con un blindaje de 9 pulgadas y dos hélices que le permitían una superior maniobrabilidad marinera, por no mencionar a los otros buques que participaron en el conflicto.

En tal sentido, esta fecha histórica para todo peruano debiera servir para obtener lecciones, para que no se vuelvan a repetir las causas y factores que nos llevaron a la infausta derrota y la pérdida de ricos territorios en recursos mineros y pesqueros.

Debiera ser un principio político básico de los gobiernos de turno que los “estados no tienen amigos sino intereses” y mientras persista el problema no resuelto de la mediterraneidad boliviana nuestras fuerzas armadas y en especial la marina, deben ser potenciadas con un carácter disuasivo, para que no se repitan las malas experiencias que tuvo que enfrentar y resolver nuestro mayor héroe naval: Miguel Grau.

LA HISTORIA NO CONTADA
Lamentablemente constituye una historia no contada la falta de preparación del personal que combatía en el Huáscar, había, en palabras del comandante, una falencia de prácticas de tiro, que explica en gran medida el abordaje y ataque directo mediante el uso del espolón de proa al navío “Esmeralda” donde se inmoló el comandante Arturo Prat, máximo héroe naval en Chile.

Así, en carta dirigida al Comandante General de la Marina escribía que “… Desde luego debo indicar que la disciplina de la tripulación, ha dejado mucho que desear en los momentos difíciles, en que ha sido necesario realizar operaciones inmediatas, que tanto por esta causa como por la falta de instrucción, han demorado su ejecución mayor tiempo del que debieran (…) Así, la falta de ejercicios de artillería y particularmente de ejercicios a fuego, ha sido causa de que en Iquique batiendo a la “Esmeralda” , y en las demás ocasiones los tiros hayan sido muy mal dirigidos; circunstancia que si se tienen en cuenta que el buque no dispone sino de dos cañones, y que, el manejo de estos es pesado por su carga, exige que el corto número de disparos que realmente se pueden hacer en un tiempo dado, sean los más certeros posibles”.

Igualmente era, según nuestro comandante Miguel Grau, proverbial la indisciplina de parte del personal embarcado, y en especial la presencia de marinos extranjeros que expresaban su descontento con prácticas de amotinamiento ante la clamorosa falta de pago de haberes, vestido y vituallas.

Ante la precaria organización del Estado con el caudillismo político militar, no resulta difícil aceptar que al personal de oficiales, y personal subalterno en vísperas del combate del 8 de octubre se le debiera haberes desde el mes de marzo y abril pasados, e incluso el personal embarcado en el “Huáscar” pero que provenía de la desgraciada fragata blindada “Independencia” no solamente se le debieran haberes sino que habían perdido todas sus pertenencias en el hundimiento del 21 de mayo en Punta Gruesa.

Como también eran reiteradas las deserciones del personal que había sido embarcado, en carta dirigida al Comandante General de la Marina en julio de 1879, don Miguel Grau señalaba que “Como estas faltas se repiten continuamente, sin que por esta Comandancia sea posible evitarlas, me permito llamar la atención de Usted consultando la medida correctiva que debe emplearse contra ellas, y a fin de que Usted se digne solicitar de los agentes de policía la aprehensión de dichos individuos…”

Por todo ello, es útil recordar, y tener siempre presente los acontecimientos, las razones de fondo que llevaron a nuestro país a la derrota en la mal llamada “Guerra del Pacífico” que debiera denominarse la “Guerra del Guano y Salitre”, con una mutilación territorial, las pérdidas de las ricas provincias de Arica y Tarapacá, y la importancia que tenían las materias primas como el guano y el salitre para el capitalismo inglés que se convertía en la fábrica del mundo.

“Diario a Bordo del Huáscar” publicado en Chile por la editorial Francisco de Aguirre en 1975

LA DEPENDENCIA ENERGÉTICA
Sirva como base documental el “Diario a Bordo del Huáscar” publicado en Chile por la editorial Francisco de Aguirre en 1975, correspondiente a lo que sería el cuaderno de bitácora del Contralmirante Miguel Grau, tal como fue encontrado por los oficiales chilenos que abordaron el heroico monitor.

En la infausta campaña marítima llevada a cabo por el heroico monitor Huáscar resultan recurrentes las demandas por un abastecimiento seguro, oportuno y de calidad de un carbón inglés que le permitiera al buque la máxima velocidad y que no dejara huella por medio de los humos negros delatores.

En el Diario a Bordo en la madrugada del 13 de junio don Miguel Grau creyendo enfrentarse con dos buques a vapor de menor tonelaje, blindaje y potencia de fuego decide perseguirlas pero grande será su sorpresa cuando descubre que una de las naves era el potente blindado “Blanco Encalada” y la cañonera “Magallanes”, por lo tanto, habiendo recibido instrucciones de no enfrentar a enemigos de mayor blindaje y armamento superior, decide evadir el combate, y adopta el retiro táctico.

Así, escribe: “Nuestro andar en el principio era bastante para mantener constante la distancia que nos separaba del blindado; pero después de la primera hora noté que ella se estrechaba, y aunque esto tenía lugar lentamente, comprendí que había de terminar por obligarme al combate, desde que no era posible dar al Huáscar más de 9 millas de andar, en razón a que el carbón tomado en Pisagua y en Ilo de que hacía uso, no podía elevar suficientemente la presión del vapor”.

En el mismo sentido, la importancia de la energía lo demuestra la lectura del citado cuaderno de bitácora cuando escribe nuestro héroe el 15 de junio “A los capitanes de puerto de Arica y Pisagua” que: “Es de la mayor importancia que el carbón con que se provea a los buques sea de la mejor calidad, so pena de no alcanzar con él la presión suficiente para el andar que se necesita en las expediciones”.

Nuestro héroe hacía referencia a la necesidad de contar con el carbón del país de Gales y/ o Cardiff, así el 17 de junio en comunicación a la superioridad naval escribía: “Adjunto encontrará Usted un pedido por doscientas toneladas de carbón, en él verá Usted consignadas sesenta de la del país de Gales que tiene la cualidad de hacer poco humo, combustible que es necesario tener a bordo en determinadas circunstancias para que no sea visto el buque de mi mando en la expedición que va a emprender”.

Es decir, el carbón de Gales le permitía desarrollar la máxima velocidad posible de 12 millas por hora la misma que resultaba superior a la que tenían los blindados chilenos. Lamentablemente en la mañana del 8 de Octubre, el Huáscar no contaba con dicho combustible y no pudo evadir el cerco de las naves enemigas, como sí lo hizo la corbeta “Unión” nave más veloz y marinera.

En el mismo mes de junio en carta dirigida al Comandante General de la Marina hacía un pedido de kerosene, pues escribía que: “En el cargo de la máquina se ha hecho un gran consumo de aceite, a más del empleado funcionando la máquina se gastan diariamente hasta cinco galones en la limpieza de calderos y demás trabajos de la máquina. Todo el kerosene que existía a bordo en los distintos cargos, se empleó durante el último viaje como combustible para remediar en parte la pésima calidad del carbón embarcado en Pisagua; así dicho artículo tiene que reponerse”.

La superioridad de la flota chilena era tan abrumadora y la dependencia energética tan fuerte, que Don Miguel Grau sabía de antemano que su última salida era una cita con la muerte, en el cumplimiento del deber y para salvar el honor de un país ante la inopia, desidia e irresponsabilidad de su clase gobernante que teniendo conocimiento del armamentismo del vecino del sur, no potenció las fuerzas armadas, en especial la marina de guerra, apostando por un ciego e irresponsable desarme, soslayando la máxima romana que “Los pueblos que quieran la paz deben prepararse para la guerra”.

Nuevamente la importancia de la energía lo demuestra la lectura del citado cuaderno de bitácora cuando escribía el 1 de agosto de 1879 al Comandante General de las Baterías y Director de Marina: “No puedo dejar de manifestar a US., la conveniencia del uso de carbón de Cardiff de buena calidad y del que haga poco humo, para las expediciones que generalmente desempeña este buque; pues el que últimamente ha venido consumiendo lo produce tan denso, que hace al buque muy visible en determinadas circunstancias”.

SOBERANÍA ENERGÉTICA
Alcanzar la soberanía energética debiera ser un objetivo nacional y estratégico de todo Estado con vocación nacional de desarrollo, que supere las limitaciones de los gobiernos de turno. Ello supone la necesidad de disponer en función del interés público y del país los hidrocarburos para satisfacer la demanda interna de empresas, familias, y de nuestras fuerzas armadas, bajo los principios de seguridad, oportunidad y a precios competitivos.

En tal sentido, es urgente y necesario fortalecer la presencia del Estado en el sector de hidrocarburos apostando por la modernización de la refinería de Talara de Petroperú que nos permitiría contar con combustibles limpios, procesados en el país evitando la importación de los derivados del petróleo en caso de un indeseable conflicto bélico o desgracia natural.

Esta situación resulta necesaria desde el interés nacional si se tiene conocimiento que la flota naval mercante responsable del flujo comercial en esta parte del mundo, está controlada por capitales chilenos que coordinan con su gobierno en el marco de una política de Estado.

Igualmente está demostrada la importancia estratégica de los hidrocarburos en la reproducción de la economía y sociedad, de allí la importancia de alcanzar la integración vertical con producción propia de crudo para Petroperú, con lotes de explotación en petróleo y gas, más con acceso a las estaciones de servicios (grifos) que le permitan servir al consumidor final en calidad y precio evitando la especulación privada.

EPÍLOGO
Lamentablemente la forja de la peruanidad se realiza conmemorando gloriosos combates y batallas perdidas. Mas como lo afirmara Manuel González Prada en su homenaje a nuestro máximo héroe naval: “Sin Grau en la Punta de Angamos, sin Bolognesi en el Morro de Arica ¿Tendríamos derecho de llamarnos nación?…”.

De allí la necesidad de recordar y de nunca olvidar las dolorosas lecciones del pasado, en particular por la presente coyuntura de descomposición social, con menor crecimiento económico y la rivalidad histórica con nuestro vecino del sur, al margen de las buenas intenciones de nuestros gobernantes, que creen más en el fomento del libre comercio que en la defensa de los intereses nacionales.