Hasta el final

“El tiempo vuela”, es una frase utilizada a menudo para explicarnos el por qué dejamos cosas por hacer y que entonces pasan de inmediato al cajón de los pendientes a los que nos referimos de cuando en vez para recordarlos con frases como esta: “un día de estos me ocuparé de ello”. Y el tiempo sigue pasando o nosotros pasamos por el tiempo. Es lo mismo pero no es igual. Muchos de nosotros (espero seamos mayoría), no queremos morir. Queremos seguir ocupados haciendo lo que amamos y amando lo que hacemos, una y otra vez sin agotarnos y allí, durante esa ocupación, el tiempo no vuela, no camina, deja de tener sentido ya que no lo sentimos. “Quien va a morir está muerto y no lo sabe” (José Saramago, escritor portugués, 1922-2010).

Somos mortales, por ahora, ya que no sabemos a qué nuevas fronteras nos llevará la ciencia en su vertiginoso maridaje con las tecnologías. Así que siendo todos mortales debiéramos preocuparnos bastante menos por el final y ocuparnos mucho más en el mientras tanto. Se habla mucho hoy en día de la vejez como que debiera ser una etapa de resignación, algo así como una espera reposada y paciente, haciéndose el muertito, mejor echaditos, como en una parálisis que está a la espera del final. Falso, groseramente falso. Cada unidad del tiempo que nos es dado, es eso y nada más: un tiempo que usamos sintiéndolo o que dejamos pasar sin sentirlo y esta alternativa es aplicable a cualquier aritmética de los años de nuestra edad. La vejez, a la que algunos pretenden asociar con inutilidad, esa vejez existe y empieza desde el momento que dejamos de ser curiosos, de prestar atención a algo o a alguien, de interesarnos por conocer, saber, hacer, aprender. De entregar nuestro mejor y mayor esfuerzo, apasionadamente, a lo que nos gusta hacer. No cejar en nuestra tarea, perseverar hasta el final. Es una buena receta para los que les gusta contar los años y clasificar las edades, el tener la alegría de los veinte años siempre. En suma vivir la vida mientras la tengamos y morir la muerte cuando nos llegue el acabamiento.

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