Habla, Castañeda

Hoy vivimos en el medio de la sensación de desgobierno. La inversión cae; el PBI crece cada vez menos; el empleo urbano se estanca; la informalidad, la inseguridad y el subempleo aumentan. En esta situación socialmente grave, la aplastante mayoría en el Congreso se esfuerza en interpelar, censurar o forzar las renuncias de los ministros, mientras protege a un impresentable contralor que ha hecho, por lejos, mucho más méritos para ser destituido que algunos ministros para ser censurados.

Pero en este difícil trance del país, ha ocurrido un hecho positivo a destacar: ha avanzado una iniciativa ciudadana muy importante que se denomina “Habla, Castañeda”. La iniciativa ha sido impulsada por un grupo de colectivos ciudadanos bajo el liderazgo del regidor Hernán Núñez. “Habla, Castañeda” no es otra cosa que la utilización de un mecanismo constitucional para que el alcalde, Luis Castañeda, rinda cuentas de su gestión respondiendo 108 preguntas en temas presupuestales.

El proceso tiene dos grandes implicancias. La primera, es que es realmente escandaloso que los ciudadanos tengan que juntar 25,000 firmas para que el Alcalde responda lo que las organizaciones se han cansado de preguntarle a través de cientos de cartas y documentos ignorados por la gestión amarilla.

Es una vergüenza que los dirigentes de las organizaciones sociales y ciudadanas tengan que pedir miles de firmas para que el alcalde explique varias cosas que se niega a responder. Por ejemplo, por qué ha reducido a cero el gasto en programas contra la violencia hacia las mujeres, por qué ha contraído el gasto en el servicio de serenazgo en plena crisis de la seguridad ciudadana y por qué ha disminuido dramáticamente el número de inspectores ocasionando que la velocidad de circulación en el Corredor Tacna-Garcilaso-Arequipa se reduzca de 15 kilómetros por hora en el 2014 a 10 kilómetros por hora en la actualidad.

La segunda implicancia es que es muy reconfortante que líderes ciudadanos jóvenes demuestren que ya no están dispuestos a aceptar pasivamente las decisiones no consultadas de un alcalde que bajo el concepto de la eficiencia quiere contrabandearnos una inaceptable falta de transparencia en relación a las principales decisiones de política pública. Y, por eso, “Habla, Castañeda” es un fenómeno extremadamente importante, pues es parte de ese nuevo espíritu en Lima de exigir que las autoridades gobiernen para los intereses de las mayorías, promuevan los espacios públicos, la cultura, la movilidad sostenible y, entre muchas cosas, una Lima planificada.

Hace 10 años no hubiera imaginado que los estudiantes de arquitectura marcharían defendiendo una propuesta de Plan Urbano. Hoy sí ocurre. Y ello implica una madurez ciudadana y colectiva que se está forjando.

El trabajo de “Habla, Castañeda” es el reflejo de una ciudadanía que se pone los pantalones largos y que exigirá mejores gobiernos y mejores ciudades. Yo voy a acompañar el miércoles 21 a los activistas de “Habla, Castañeda” que se juntarán a las 2.30 de la tarde en la Plaza San Martín para entregar las firmas en el JNE. Vamos todos.

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