Fujimorismo antisindical

El peruano es un pueblo desmemoriado e influenciable. Por ello no recuerda los crímenes contra los trabajadores cometidos por el gobierno de Alberto Fujimori. La política neoliberal que este impuso lo llevó a eliminar derechos como la jornada de ocho horas de trabajo, la negociación colectiva por rama de actividad y a ordenar el asesinato de Pedro Huilca, secretario general de la CGTP.

Esta semana, la Comisión de Trabajo del Congreso aprobó la negociación colectiva en el sector de los empleados públicos. La extrema derecha clamó al cielo por esa supuesta aberración. Ignora que incluso en los Estados Unidos persiste la negociación colectiva en el sector estatal y el de la educación.

Apenas se había logrado el avance en el Congreso, cuando desde la misma bancada mayoritaria han surgido propuestas para cambiar la letra y el espíritu de la mejora aprobada.

Gerónimo López, secretario general de la CGTP, ha señalado lo grave que es que se pretenda que cualquier aumento salarial acordado en negociación colectiva del sector público requiera la aprobación del Poder Ejecutivo.

No es la única traba que se quiere imponer a la negociación. Una es condicionarla a procesos presupuestarios. Estos, dice un artículo del proyecto, se hayan sujetos “a la tendencia política del gobierno”, e incluso “las preferencias del contribuyente”.

Sin duda que los congresistas de Keiko y el Ejecutivo que lo acompaña quieren recortar derechos, y privilegiar a las grandes empresas. En el pasado reciente se vio cuando José Chlimper, empresario agrario en Ica, dictó una legislación especial para el sector agroexportador, medida con nombre propio y cinismo memorable, que dura hasta hoy. En ese momento, Chlimper había sido nombrado ministro de Agricultura de Fujimori.

No podemos olvidar que el fujimorismo y los otros sectores gobernantes aplican las recetas neocoloniales del Banco Mundial y del FMI.

Recordemos que Alejandro Toledo, otro súbdito del poder transnacional, declaró el 7 de mayo del 2001, cuando era candidato a la presidencia: “Lo mejor es no tener sindicatos”. Lo registraron todos los diarios de Lima.