Frente a la corrupción: cambios urgentes en el modelo económico

Con el pedido de detención contra Alejandro Toledo, la lucha anticorrupción empieza lentamente a moverse. Toledo debe regresar al país, si no lo hace por voluntad propia por la fuerza del Estado, a rendir cuentas ante la justicia. Los expresidentes Alan García y Ollanta Humala también deberían quedarse en el Perú: los indicios de que los tres han recibido mucha plata mal habida son grandes, en cuyo caso la cárcel debe ser su futuro por un largo periodo.

Pero no es solo un asunto de personas, también de políticas y sistemas. La tremenda corrupción de los últimos 25 años está estrechamente vinculada al modelo económico. Ideólogos como Jaime de Althaus y otros neoliberales persisten en decir que la manera de combatir la corrupción es privatizando todo. Pues miren lo que ha sucedido: ya se privatizaron decenas de miles de millones de dólares de carreteras y otras obras públicas, y la corrupción no solo no ha disminuido sino que incluso ha aumentado. Hoy vemos cómo en las Alianzas Público-Privadas (APPs) la corrupción es tremenda. Esto no es algo nuevo; ya en la llamada “Vía Expresa del Callao” inventada por Alex Kouri hace unos años, el robo que se hizo a la ciudadanía en peajes fue espantoso.

La política sigue de cerca esta ideología neoliberal. Los presidentes reciben felices a los presidentes de transnacionales y grandes monopolios en Palacio de Gobierno, adonde rara vez acceden trabajadores, campesinos y gente del pueblo. Está claro hoy que en esas reuniones no solo se tratan proyectos de interés nacional, sino concesiones muy ventajosas para los grandes empresarios, con su contrapartida de coimas depositadas en cuentas secretas.

Con el Aeropuerto de Chinchero, PPK ha mostrado que él no solamente fue parte de ese esquema, sino que está totalmente dispuesto a darle continuidad. Habiendo dicho muy claramente que la clave de su política económica es dar nuevo impulso a las APPs, vemos ahora que lo hacen regalando cientos de millones de dólares del tesoro público, es decir, de todos los peruanos. Que el consorcio beneficiario tenga a la primera amiga de PPK Cecilia Blume como asesora, al amigazo Sebastián Piñera de socio y a la hermana del Premier de gerenta, muestra que la fuerza oscura de los lobbies continúa.

Es evidente que el combate a la corrupción exige cambiar algunos elementos básicos de este modelo económico y político. El primero, dejar de pensar que siempre la inversión privada y las APPs son mejores que la obra pública: los hechos demuestran que no es así. La segunda, el centralizar toda la política fiscal en megacontratos negociados a ocultas, olvidando el apoyo necesario a las pequeñas y medianas empresas que realizan una inversión importante, más democrática y descentralizada. Si no cambiamos esto, la corrupción seguirá campeando.

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