Farsa y sangre en Honduras

Honduras sigue siendo una república bananera gobernada a sangre y fuego por dictadores civiles y militares, obedientes al amo imperialista. Las recientes elecciones en ese país han sido regidas por el fraude y coronadas por una represión que ya arroja una docena de muertos y miles de presos encarcelados por protestar contra la farsa electoral que busca perennizar en el poder al presidente actual Juan Orlando Hernández.

Según los resultados dados a conocer por el Tribunal Supremo Electoral, Hernández, a la cabeza de un sector llamado Partido Nacional, ganó las elecciones con 42.32 por ciento de los votos.

El frente de oposición, la Alianza de Oposición a la dictadura, aparece con 41.39 por ciento de los sufragios. Esa diferencia es de apenas poco más de un punto, y aún faltaba computar miles de urnas. Eso bastó para que Hernández se proclamara presidente electo, y despertara la cólera del pueblo, traducida en manifestaciones multitudinarias.

Lo que ocurre en Honduras parece arrancado a páginas del libro El águila rampante. El imperialismo yanqui sobre América Latina, del periodista peruano Genaro Carnero Checa, que fue editado en México en 1956. Ahí, en el capítulo “Una prisión verde” dedicado a Honduras, se narran episodios “electorales” como el que ganó Tiburcio Carias, “del Partido Nacionalista, es decir, la ‘United Fruit’”.

En referencia a un proceso electoral hondureño de esos días, explicó Carnero Checa:

“Lozano Díaz, el nuevo jefe supremo de Honduras, es un antiguo funcionario de los gobiernos de Carías y Gálvez, en los que fué ministro en diversas carteras durante muchos años. Es, por lo tanto, un cómplice y agente de La Frutera. Al asumir el poder, lanzó una proclama muy original. “Nuestro pueblo -dijo-, aún no ha llegado a alcanzar la madurez cívica que fuera de desearse”, y ya “que Dios o el Destino ha querido ponerme al frente de tan grave situación”, asumo el gobierno para “actuar como un Sol magnifico que a todos ilumine y a nadie queme”.

El libro de Carnero Checa es un gran reportaje de esos que ya no se escriben, forjado en un recorrido por Nuestra América. No obstante los 60 años transcurridos desde su publicación, conserva vigor, pasión y actualidad. Nos recuerda que mucho de nuestra historia se repite más de dos veces. Por eso mismo es arma y lección; y debiera repetirse. Espera una segunda edición. De urgencia.