Escrito a voces

En mayo de este año se llevó a cabo una conferencia filosófica e histórica que recorrió Santiago de Chile, Bogotá, Bucaramanga y Lima. Expusieron brillantes intelectuales de América. En la clausura, en la Casa de la Literatura, Lotta Burenius leyó un extenso ensayo, del cual extraemos párrafos que han recobrado actualidad.

Escrito a voces da cuenta de la vida del periodista y poeta peruano César Lévano, aristócrata del proletariado, entre historias que se entrecruzan en el desvarío y delirio que es el Perú violento y desgarrado, entre libreros ambulantes, elementos de vida dudosa y príncipes achorados en el Cercado de Lima donde conocí a César Lévano gracias a Doris Gibson, periodista, defensora a ultranza de Lévano y de la libertad entre dictaduras, jaranas criollas y dignidad inquebrantable.

En el páramo paradisíaco de corrupción, devastación ecológica y desesperanza que es el Perú, César Lévano resiste con la alegría como arma de combate en su casa/biblioteca en el barrio popular del Rímac, al este del centro histórico de Lima, junto a los cerros de pobreza, al otro lado del río de aguas envenenadas por los relaves mineros de los Andes centrales, acompañado por la soledad tras la partida de su amada Natalia y de su segundo hijo Rainer.

Ejemplo de lucha, ética y coherencia en un país violento, desmembrado e incoherente, Lévano trabaja desde su escritorio atiborrado de libros en un país que no lee, refundido entre rumas de revistas cubiertas del polvo del desierto, con una luz fluorescente colgada de alambres sobre un mar de papeles, una cama angosta arrimada bajo la escalera, dos andadores de aluminio y una silla de ruedas.

Vive entre marejadas de libros y columnas de diccionarios en los cuatro idiomas que aprendió en las prisiones que frecuentó por sus ideas, y que su tía Emérica le llevaba disimulados como fondos de bolsas de frutas.

Escribe y lee sin tregua, desplazándose con dificultad en busca de los libros de consulta en su laberíntica biblioteca. Allí rememora la vida obrera, la música criolla antigua y la historia del PC que fue su trinchera de juventud.

Trabaja desde los siete años. Fue lustrabotas en el Mercado Central en su infancia, y canillita, vendiendo periódicos en los barrios del Cercado de Lima, próximo al callejón donde nació detrás del Palacio de Justicia de Lima.

Recorría palomilla las calles de la ciudad rematando diarios entre el repique de las campanas a la hora del ángelus. Como aprendiz de sastre en un cuartucho en una azotea polvorienta situada detrás de un cine, y que había sido el local del periódico La Razón de José Carlos Mariátegui en la calle Pileta de la Merced, se deslumbró con la música de Bach en la película Fantasía que llegaba a esos altos en dos sesiones cinematográficas diarias.

Vivió su infancia entre libros y periódicos proletarios en los que escribían su abuelo paterno Manuel Caracciolo Lévano y su padre Delfín Lévano, panaderos anarquistas miembros fundadores de la Federación de Obreros Panaderos Estrella del Perú, adalides del movimiento obrero de inicios del siglo XX y artífices de las ocho horas de trabajo, derechos que perdieron los obreros en el Perú con gobiernos recientes.